sábado, 28 de junio de 2014

Pastor y pasto.

Entre las más de cincuenta “letrillas” que se atribuyen al cordobés  don Luis de Góngora y Argote (1561-1627), poeta, como todos saben, luminoso y oscuro, original y clásico, innovador y moderno,  inteligente, agudo, almíbar algunas veces y ácido las más, hay una, de 1609, que él titula A lo mismo.
Hoy, día del Corpus desde hace 768 años, complace escribirela en la mente primero, leerla con la fe después y gustarla, por fin, con el amor con que él la sintió y declamó. Es profunda y dice tan bellamente tanto que vale la pena acariciarla sin prisas, llegando a sus venas más profundas con la devoción y respeto con que el poeta sacerdote la escribió.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no solo tu pastor soy,
sino tu pasto también.

Por descubrirte mejor,
cuando balabas perdida,
dejé en un árbol la vida,
donde me subió tu amor;
si prenda quieres, mayor,
mis obras hoy te la den.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no solo tu pastor soy,
sino tu pasto también.

Pasto, al fin, hoy tuyo hecho,
¿cuál dará mayor asombro,
o el traerte yo en el hombro
o el traerme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho,
que aun los más ciegos las ven.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no solo tu pastor soy,
sino tu pasto también.

lunes, 23 de junio de 2014

Castilviejo.

Cuando volvemos a nuestra Universidad Laboral de Zamora y entramos en la impresionante iglesia de María Auxiliadora, del eminente arquitecto Luis Moya Blanco (1904-1990), tan bien conocida por nosotros, admiramos los tres grandes óleos que llenan casi la totalidad de las paredes laterales y el fondo del coro. Todos recuerdan su contenido y significado. El sueño que tuvo Don Bosco viendo que la Iglesia, combatida por los siglos, seguía su avance alentada por las dos columnas de la Eucaristía y María Auxiliadora. El sueño de los creadores de las Universidades Laborales de ayudar a construir un mundo nuevo, forjado en el esfuerzo y la entrega. El canto de los hombres a su Madre elevada en lo alto.
Su autor fue en 1957 el admirable pintor zamorano (1925-2004) cuando tenía 32 años. En Cubillas de Santa Marta (Valladolid) pasó sus últimos años. De Cubillas decía: «Aquí, en Cubillas, pinto, como, trabajo, cazo perdices, ando por los rastrojos, charlo con los amigos, amo y vivo, porque el paisaje es determinante». Y Chema – fue siempre un amigo cercano para todos – “vivía Castilla para pintarla”.
Chema para los amigos y José María García Fernández para el registro civil, era Castilviejo en la pintura. Cuando le preguntaron por qué quería ese nombre respondía: «En honor a mi padre, que era de Rioseco, y para él la Virgen de Castilviejo era su virgencita, la que en medio del campo tiene la ermita. Y era tal la devoción que tenía y no era un beato, que entonces yo quería devolver a mi padre algo de lo muchísimo que me dio. Era algo en su honor y para mí es un orgullo».   
El día 8 de septiembre se celebra la fiesta patronal de Nuestra Señora La Virgen de Castilviejo con romerías en las praderas de la ermita: Misa, procesión, limonada y dulces.
La imagen actual de la Virgen es copia de la que desapareció hace algunos años. La imagen original, de sesenta centímetros de altura, era una talla del siglo XIII, de madera de peral policromada. La Virgen, sentada, abraza con su brazo izquierdo a su Niño y muestra una manzana en la mano derecha.
Estas noticias de algo tan entrañable como la acariciada herencia de un padre en las manos de un hijo artista, la presencia vida y vivificante de una Madre de todos los hombres y el rescoldo nunca apagado del pasado por nuestra querida ULZ bien valen para encerrarnos un rato en lo hondo de nuestros sentires para abrazar con fuerza entrañable tanto germen bello y bueno como hemos recibido y hemos tenido el placer celestial  de convertir en cosecha. 

miércoles, 18 de junio de 2014

Cáritas.

Como casi todo el mundo sabe, el Presidente de Caritas Internacional es, desde 2007, el cardenal salesiano hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga. Y como todo el  mundo sabe Caritas Internationalis es una organización caritativa y humanitaria de la Iglesia Católica formada por 165 organizaciones nacionales de asistencia, desarrollo y servicio social. Nació hace 117 años en Colonia, Alemania.
El pasado 21 de mayo fue elegido en la Conferencia Regional anual europea (Soesterberg, Holanda) Presidente de Caritas Europa el obispo de Gante (Bélgica) Luc Van Looy, salesiano.
Subrayarlo en estas Buenas Noches no es para que Don Bosco presuma de tener dos hijos al frente de esas dos organizaciones, sino para alegrar nuestro corazón con que dos hermanos nuestros estén al frente de asociaciones tan entrañables en su corazón de padre de los más necesitados.  
Monseñor Van Looy decía hace unas semanas: "Siento que Caritas tiene, ante todo, una misión muy importante para detectar y observar dónde existe la necesidad de la solidaridad. En una perspectiva evangélica queremos estar donde la gente está en necesidad y examinar qué se puede hacer para aliviar su sufrimiento, en cualquier parte del mundo… Para ser Iglesia hoy, hay necesidad de salir de cualquier tipo de vergüenza en la promoción de los derechos de cada persona. Siento la importancia de educar a las personas a la solidaridad, o más bien, a la fraternidad y a la hermandad fundada en la proximidad manifestada por Dios mismo a través de la encarnación de su Hijo. Él nos acompañará en nuestro trabajo".
Y tras su elección: "Como Presidente de Caritas Europa simplemente deseo ser… un oído que escucha a la gente… Durante mis años en el Consejo General de los Salesianos tuve la oportunidad de conocer a muchas personas y situaciones en todo el mundo. Tal vez esta experiencia me dará un poco más de comprensión de las necesidades y las soluciones".

En nuestra actitud, muchas veces crítica, ante el que pide, ¿qué postura tenemos con relación a Caritas? ¿Nos fastidia que nos recuerde que tenemos muchos más hermanos de lo que creíamos? ¿Qué nos haga saber que entre ellos tenemos hermanos pobres? ¿Qué un poco de lo nuestro entregado para ellos nos hace más ricos, más hermanos, más  felices?

viernes, 13 de junio de 2014

Velar se debe...

Cuenta la Historia (y no hay por qué no creerla) que en su lejanía de casi nueve siglos, y cuando los reyes de Castilla (el toledano Sancho III El Deseado y su hijo Alfonso VIII el de Las Navas) luchaban contra el Invasor, recibieron ayuda de dos hermanos caballeros franceses que se asentaron en nuestras tierras. Uno de ellos, llamado Diego, encontró acomodo para su descanso en el valle de Soba, hoy en Cantabria, y en Castresana de Losa, de las Merindades, echó raíces. Y sigue contando la Historia que se le dio tan bien achicar la presencia de las muchas zorras presentes en la región, que se ganó el apellido de Çorrilla o Zorrilla que heredarían sus descendientes. Y que alguno de estos, por otra parte, orló el escudo familiar con el mote VELAR SE DEBE LA VIDA DE TAL SUERTE QUE VIVA QUEDE EN LA MUERTE.
Mucho más tarde el uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, nacido en 1855 e hijo del español Juan Manuel Zorrilla de San Martín, fue conocido por sus servicios a su patria y por su abundante y apreciada obra literaria. Y uno de sus hijos, José Luis, escultor, al arreglar en 1921 la casa familiar en el barrio de Punta Carretas, de Montevideo, quiso que sobre la chimenea del comedor figurase también el escudo de los Zorrilla de San Martín, naturalmente con el lema VELAR SE DEBE LA VIDA DE TAL SUERTE QUE VIVA QUEDE EN LA MUERTE.
¿A que nos suena bien? ¡Cuántas veces lo hemos repetido! ¡Y cuántas ha reforzado nuestra convicción de que vale la pena hacerlo realidad! No se trata solo de que se nos recuerde. Ni solo de que nuestra vida se viva con tal dignidad que nadie pueda nunca tacharla de vil. La vida queda viva en la muerte cuando hemos sembrado bien: cuando fuimos exigentes al escoger la semilla, cuando elegimos con tiento y responsabilidad la tierra en la que sabíamos que habría de brotar vigorosa; cuando la cuidamos con fortaleza y ternura para que sus frutos fuesen sanos, generosos, excelentes, nobles, fecundos…
Esa es la condición para que nuestro paso por esta vida responda al propósito de quien sabe que ningún acto de amor queda malogrado.  

domingo, 8 de junio de 2014

Paz en la guerra.

Nos suena más “Paz en la Tierra”. Pero es una ilusión que haya paz en la guerra y no lo es menos que la haya en la tierra. Los soldados de la foto que aparecen celebrando la Misa en 1915 son franceses. Qué contrasentido. Celebraban la Vida y se preparaban para ahogarla. Lo hacían en una zona del Nordeste de su patria, llena de vida: lagos, parques naturales (Reims, Orient, Ardenas…), arte, historia e industria  (Sedan, Châlons-en-Champagne, Langres, Troyes…). Y de vides:  ¡el “champagne”. Y de vida. Pero en la guerra no hay nada de eso. Sobre todo no hay vida. La guerra es una máquina infernal preparada para buscar vidas y segarlas. La muerte es el cebo, el alimento de la guerra.   
Es triste que haya guerras. Pero es mucho más triste que vivamos, como a veces lo hacemos algunos, dando guerra, haciendo guerra, mientras profesamos estar en posesión de la verdad, tener razón. Confundimos nuestra verdad, que es fruto del egoísmo, con el fruto que debería brotar necesariamente de la estima del otro. O del respeto a que piense de otro modo, vea las cosas de otro color, tenga un gusto que no es el nuestro. Hace casi veintidós siglos Tito Macio Plauto en su obra Asinaria hacía decir a uno de sus personajes: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit”. En español, más o menos: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando no sabe quién es el otro”. Y hace cuatro siglos Thomas Hobbes, inglés, lo abreviaba (y agravaba) escribiendo: Homo homini lupus. 
La polémica, la contradicción, el ataque, la exclusión, el exterminio es la fórmula casi continua de nuestras conversaciones (¿conversaciones?) de modo que no solo no respetamos lo que otro piensa, sino que ni siquiera respetamos al otro.

Dos siglos después de Plauto, en su XCV Carta a Lucilo contradecía al comediógrafo paisano escribiendo: “Homo, sacra res homini”, es decir, nada menos que “El hombre es algo sagrado para el hombre”.

martes, 3 de junio de 2014

Dušan Krtolica.


Dušan tiene once años. Es de Serbia, esa nación de los Balcanes rodeada por Hungría, Rumanía, Bulgaria, Macedonia, Albania, Montenegro y Croacia (viene bien repasar de vez en cuando la dichosa Geografía), que no tiene mar, pero que se siente recorrida y enriquecida por el soberbio canal Rin-Meno-Danubio y acariciada por el verdor de sus bosques que ocupan más de la cuarta parte de su superficie. Serbia tiene una historia muy antigua y muy agitada. Llegó a ser Imperio. Y en Serbia nacieron 17 de los emperadores romanos. Hoy, con siete millones y medio de habitantes, se esfuerza y logra sobresalir entre las naciones que fueron celtas y tuvieron que ser romanas, otomanas, germanas, yugoslavas…

Pero volvamos a Dušan. Nació el año 2002 en Belgrado. Y a los dos empezó a dibujar. A los 8 años hizo dos exposiciones de sus dibujos. Y así hasta cinco de carácter nacional.  Dibuja con pluma o lápiz. Y se ayuda de una lupa. Objeto de sus dibujos son los animales, las flores y las plantas. Los animales son los que ve en la Naturaleza y en libros con los que se ha podido hacer. Por eso añade animales ya extinguidos y algunos que él se inventa. Los dinosaurios y otros saurios menos dinos son frecuentes en las láminas en las que deben figurar. Porque se sabe de memoria las eras geológicas y los animales que las habitaron. Tiene espléndidos retratos de guerreros en sus caballos. Domina la perspectiva, la proporción y la luz-sombra como un maestro. 

Sería natural que le ilusionase ser, de mayor, pintor o dibujante. Pues no señor. Quiere ser zoólogo. ¿Es un niño obsesionado, atado, sometido al trabajo? ¡En absoluto! Es un niño que descubrió que le gustaba algo, que se vio alentado en ello, que se entregó a ese suave trabajo que supone dar la vida a lo noble que gusta y que hoy, sin petulancia ni rareza, destaca entre otros muchos muchachitos de su edad. Es un ejemplo y un estímulo para padres y educadores, que descubren en sus hijos, ya desde muy pequeños, una afición que va más allá “de lo de todos” y le acompañan en subir los peldaños de una dedicación placentera pero altamente ennoblecedora de sus vidas.

jueves, 29 de mayo de 2014

La osadía de creer.


El pasado 24 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey y clausura del Año de la fe, el Papa Francisco nos decía en su exhortación apostólica La alegría del Evangelio (42):

La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos. Por ello, cabe recordar que todo adoctrinamiento ha de situarse en la actitud evangelizadora que despierte la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio”.

Nos cuesta creer porque queremos saber, tocar, morder, constatar, probar, ver. Ver si es verdad lo que creemos. Y eso, naturalmente, no es creer. Queremos hacer objeto de nuestra “ciencia”, de nuestra experiencia, lo que es solo contenido de nuestra confianza, de nuestra convicción. “Si no lo veo, no lo creo”. Evidentemente si lo ves no tienes fe, sino evidencia. Es decir, no nos fiamos. Y lo peor es que solo nos arrimamos a las personas que nos ofrecen objetos para tocar. Las que, en cambio, nos hablan de esferas no tangibles, desaparecen de nuestro interés, de nuestra atención. Es cuestión de vagancia. Porque fiarse es mucho más hondo, más esforzado, más difícil, más comprometido que tocar. Aunque lo que se nos propone para creer es mas noble, más alto, más rico que cualquier cosa que podamos tocar, nos quedamos con lo “seguro”, que es lo tangible.

Pero si es difícil creer, se nos hace mucho más difícil amar. Porque amar no es solo adherirse a algo o a alguien que no siempre es tangible, sino que nos exige entregarnos. Y entregarse es regalar el propio “yo”, porque se decide enriquecer el “yo” del otro con nuestra propia identidad. Y eso es duro. ¿Por qué hay matrimonios que acaban en desbandada? Porque en esas coyundas el programa es querer no amar, poseer no darse.

Repasar las palabras del Papa nos pueden ayudar a rasgar, al menos un poco, el velo de nuestro egoísmo, para descubrir con asombro y hacer caso con valentía a Quien nos ama.   

sábado, 24 de mayo de 2014

María...


El papa Francisco cierra su exhortación La alegría del Evangelio (24.11.2013) con este precioso broche. 


Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.



Tú, llena de la presencia de Cristo,
llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo,
cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz 
con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.



Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos 
el don de la belleza que no se apaga.



Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino.



Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.



Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya.

jueves, 22 de mayo de 2014

Auxiliadora.



Gilbert  Keith Chesterton (ya ha venido otras veces a darnos las buenas noches) fue un hombre grande: medía 1,93 metros y pesaba 134 kilos. Tuvo una educación intensa de modo que su espíritu estaba movido por la inquietud de conocer, de conocer… Tal vez por eso se interesó por el ocultismo y en el diabolismo. Y creía en el demonio.

Se casó con Frances Blogg, anglicana practicante, quien le ayudó a que se acercara al cristianismo. Estudió seriamente los escritos tradicionales sobre la fe. Y los padres John O’Connor y Ronald Knox, convertidos, como él más tarde, al catolicismo, le ayudaron mucho en su camino hacia su fe católica. Se convirtió en 1922.

No quería una Iglesia que se adaptase a los tiempos, ya que el ser humano sigue siendo el mismo y necesita que lo guíen: “Nosotros realmente no queremos una religión que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estamos equivocados...”.

Gilbert Keith Chesterton atribuía su conversión al catolicismo, entre otros factores, a dos hechos, de los que uno, referido a María, quedaba reflejado así: «Un místico católico escribía: “Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento". Esto me sobresaltó como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: "¡Qué maravillosamente dicho!". Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico…».

En mayo reverdecen muchas cosas. Lo verde es espera y esperanza. La sazón es de oro. Pero esperar nos mantiene en juventud, tensión, esfuerzo, camino… Todo eso nos brota en el espíritu con la presencia de la Madre de todos, Aquella a la que, según sentía Chesterton, “hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento”. Como si dijese Auxiliadora de Dios. ¡Y lo es nuestra!

Andamos estos días del corazón de mayo celebrando o añorando la presencia viva de esa Madre siempre tierna, que nos toma de la mano o la pone sobre nuestra cabeza para que nuestro corazón mantenga siempre la nobleza de su estirpe.

sábado, 17 de mayo de 2014

San Patricio.



Lo pasó muy mal San Patricio, escocés de familia cristiana, cuando, siendo casi un niño, 16 años y de nombre Maewyn, y casi en la aurora del cristianismo en el siglo IV, fue vendido como esclavo por unos irlandeses. Pero el muchacho, que fue siempre paciente y aguerrido, pudo huir. En Francia, a donde logró llegar, se hizo monje. Y el gran San Germán (el de Auxerre, no el de París, que vino un poco más tarde) le ayudó a madurar su decisión de servir a los intereses de Dios. Completó después en Roma sus estudios y su formación como pastor bueno y allí recibió la ordenación sacerdotal. El Papa Celestino lo envió como obispo misionero a Irlanda, todavía no evangelizada. Y allí, cultivando la amistad humana y el amor cristiano con los jefes de tribu y con la gente sencilla en un lenguaje sencillo y convincente del corazón, fue labrando la nación como un baluarte de la fe.

Añado esta oración que se le atribuye. En este gozoso tiempo de Pascua que vivimos estos días, podemos vestirnos de blanco con los sentimientos, propósitos y deseos que vierte.  



            Que Cristo esté junto a mí - Cristo delante de mí -

            Que Cristo esté detrás de mí – Rey de mi corazón -

            Que Cristo esté dentro de mí – Que Cristo esté debajo de mí -

            Que Cristo esté por encima de mí – Que nunca se aparte.

            Cristo sobre mi mano derecha - Cristo sobre mi mano izquierda -

            Cristo alrededor de mí - Escudo en mi lucha-

            Cristo al dormirme - Cristo al sentarme-

            Cristo al despertarme – Luz de mi vida.      

            Que Cristo esté en todos los corazones – pensando en vosotros -

            Que Cristo esté en todas las lenguas – hablando de vosotros.

            Que Cristo sea la vista - en ojos que me miran -

            en oídos que me oyen – Que Cristo esté siempre.