domingo, 2 de octubre de 2016

Gerónimo no se llamaba Jerónimo.

Gerónimo no se llamaba Jerónimo, sino Goyahkla, expresiva palabra que significa Elquebosteza. Y pertenecía a los apaches del Oeste o chiricauas. En 1859, cuando Goyahkla tenía unos 30 años, un grupo de chiricauas acudió al campamento militar mejicano cercano a Sonora para comprar y vender. Militares mejicanos aprovecharon la ausencia de hombres en el campamento apache y asesinaron a todos los que pudieron. Entre ellos la madre, la mujer y tres hijos de Goyahkla. Y empezó la leyenda de Goyahkla al que ya llamaron Jerónimo. Bajo la persecución de los mejicanos, primero, y después de los norteamericanos, huye, ataca, es herido a muerte, es respetado como chamán que adivina, entona canciones misteriosas, posee clarividencia sobre hechos y personas, interpreta los signos de la Naturaleza... Y decía que no había bala capaz de matarle.
Cuando en 1876 el gobierno de los Estados Unidos decidió trasladar a los apaches de reserva en reserva de Arizona y Nuevo Méjico, Jerónimo volvió a ser lo que había sido: fue objeto de persecuciones y detenciones y sujeto de fugas y desapariciones… Se dice que hubo unos meses en los que hasta 5.000 soldados norteamericanos y 3.000 mexicanos intentaron acabar con él. Y los periódicos le convirtieron en el villano más temible y detestable de la nación.
Durante una de estas persecuciones, Jerónimo y sus hombres consiguieron tender una emboscada a la patrulla del ejército americano que los perseguía mandada por el teniente Marion P. Maus. Y para el teniente Marion Maus le pidió  en una carta a su General que le concediese a Gerónimo una condecoración por la valentía y el arrojo manifestados en el choque. 
En 1886 se rinde junto con un reducido grupo de 450 apaches. Se los traslada a una reserva en Florida y después a Alabama, donde una gran parte de ellos muere de tuberculosis y por fin a la reserva de Fort Sill (Oklahoma). Allí se hace cristiano, hace escribir su autobiografía y va a caballo a Washington para pedir al presidente Roosevelt que deje a su pueblo volver a Arizona. Murió en 1909 con más de 80 años tras la caída del caballo y haber pasado la noche en una zanja. 
Y repasados algunos pasos de Jerónimo, escuchemos algunas de sus palabras, llenas de la sabiduría de un hombre grande de espíritu que, sin duda, se manifestó violento solo para defender la dignidad de su pueblo: Cuando se abata el último árbol, la última playa quede envenenada y se pesque el último pez, el hombre se dará entonces cuenta de que el dinero no se come.

martes, 27 de septiembre de 2016

Ositos de agua.

Johann August Ephraim Goeze llamó, en 1773, Ositos de agua a unos animalitos diminutos (no pasan, los adultos, de medio milímetro) que viven sobre el musgo, el liquen y los helechos. A lo mejor ya los conoces. Son muy feos de aspecto y muy lentos en sus movimientos por lo que, cuatro años más tarde, Lazzaro Spallanzani los englobó con sus congéneres (más de mil especies) en el grupo de los Tardígrados, es decir lentos al moverse, como los osos. Y ya sabemos que Goeze los encontró con aspecto de osos. 
Pero no vendrían aquí si no fuese porque parece que son los seres vivos que más aguantan: la presión de 6.000 atmósferas; temperaturas entre los 200º bajo cero hasta los 150º por encima; pueden deshidratarse y vivir sin agua más de 10 años; soportan una radiación ionizante; sobreviven en alcohol puro y éter; van a la estratosfera (se los ha situado en el exterior de cápsulas espaciales) y vuelven de ella tan campantes; soportan la congelación como si tal cosa. Y pueden demostrar que siguen vivos después de 120 años en estado de criptobiosis, es decir, más o menos, vida aparente.
¿Cómo educamos, padres y educadores? ¿Tendemos a facilitar las cosas, la vida en sus diferentes manifestaciones? ¿Buscamos ahorrar a nuestros hijos el dolor que da crecer como árboles sanos, fuertes, retadores a pesar de que no todo lo que los rodea sea grato? “¡Que no sufra, pobrecito!”. “Si hoy ya hay aparatos que dan todo hecho”… Así resumimos muchas veces nuestra incapacidad de entender que no será grande el hombre al que nos hemos empeñado en criar como canijo.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Jakutia- Sakha.

La república autónoma de Jakutia-Sakha cubre tres millones de kilómetros cuadrados donde vive una población de un millón de gente sencilla y con problemas. Se trata de Siberia (Rusia). Allí los salesianos llevan sirviendo 23 años en dos pequeñas obras de atención a sus habitantes: Jakutsk y Aldán, separadas por 600 kilómetros, en las que cinco salesianos, secundados por gente muy cercana, han creado comunidades católicas pequeñas, pero de gran vigor, con cambios sociales y religiosos notables. Y en Jakutsk han terminado por fin la primera iglesia parroquial católica.    
El trabajo allí, esperanzador y entusiasta, se encuentra con dificultades y retos. Durante casi nueve meses la temperatura es de 50 grados bajo cero de la Escala Celsius. La permanencia de los misioneros no es prolongada, por lo que se deben sustituir con relativa frecuencia. La distancia de la Inspectoría salesiana “madre”, Eslovaquia, que tiene 23 obras en su propio territorio y una en Azerbaiyán. El ambiente multicultural y pluri-religioso (11 religiones diferentes: una tercera parte de cristianos ortodoxos, otro tanto de animistas, algunos ateos, musulmanes, cristianos de otras confesiones). Población juvenil numerosa, alcoholismo frecuente, crisis familiar muy extendida y minoría católica, de unos 500 bautizados, en diáspora natural. Unos cien misioneros laicos voluntarios, casi todos eslovacos, se han sucedido en la ayuda a las dos pequeñas comunidades a lo largo de estos 23 años.
Para los que leen estas páginas y se animen a ir, ellos también, al menos tres meses seguidos y conocimiento suficiente de ruso, tienen por delante estas bellas tareas: ayudar a profundizar en la fe, fortalecer la comunidad católica, vivir abiertos a los que los necesiten, dar testimonio de vida, servicio y educación, especialmente a los jóvenes pobres y a sus familias y cuidar la propia formación misionera y la de la comunidad internacional. 

sábado, 17 de septiembre de 2016

Mi dirección...

Bernard Kaiau es un joven salesiano de Papua Nueva Guinea. Se prepara, madurando su respuesta a la llamada de Dios, al servicio como salesiano de sus connacionales.   Leer su testimonio nos puede hacer bien. Sobre todo a los que sienten cansancio por el mucho tiempo que llevan esperando respuestas como esta. 
“Procedo de una familia católica. Mi padre es profesor y mi madre ama de casa. Mi interés por la vocación nació ya en tierna edad, gracias a los principios cristianos recibidos de mis padres: nos llevaban a los rosarios organizados en los diferentes grupos de cristianos, sobre todo en el mes de octubre; y todos los domingos a la Misa.
He crecido tratando siempre de portarme bien y corrigiendo a mis amigos cuando se equivocaban. Las señales de una vocación ya estaban, pero todavía no estaba clara la dirección hacia la vida religiosa.
Esta se hizo clara en el 2003, en la escuela técnica Don Bosco Vanimo. Estuve en ella cuatro años como estudiante interno. El ambiente positivo facilitaba el aprendizaje y me ayudó a crecer en todos los aspectos de mi vida. Lo que me orientó hacia la vida religiosa fue el rosario diario, la disponibilidad de los sacerdotes para confesiones y retiros, los pensamientos de los 'buenosdías’ y de las 'buenasnoches', además de la continua presencia de los Salesianos entre nosotros los muchachos en las excursiones, en los patios, y en otras actividades….
Así decidí unirme al grupo de vocaciones y en 2006 entré en el seminario Savio Haus. Pero en mayo de 2007 me afectó gravemente la malaria cerebral y quedé hospitalizado durante una semana. Pensé que era el final de mi vocación y de mis estudios".
Para Bernard, aun después de volver a los estudios y a su vida de aspirante, las dificultades no habían acabado: la familia le pidió que emprendiese un trabajo y él  mismo tuvo dudas porque se sintió atraído hacia una amiga universitaria. Pero al final la llamada fue más fuerte. Con la oración, la comprensión de su familia y el apoyo de los Salesianos fue a hacer su curso de pre-noviciado a Cebú, al que siguió la etapa del noviciado.
“Los dos años de formación me ayudaron a mirarme más profundamente a mí mismo y con la ayuda de Dios tomé la decisión de ser Salesiano de Don Bosco… Lo que verdaderamente me motivó fue el esfuerzo incansable de los misioneros salesianos que aquí, en nuestro país, siguen ayudando y formando a los jóvenes para que se hagan buenos cristianos y honrados ciudadanos.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Roma.

Por lo que sea este verano de 2016 Roma, una ciudad que fascina por su historia, su nobleza y su belleza, está resultando especialmente insoportable por la presencia de animales extraños en la ciudad y extrañamente atrevidos. Las crónicas refieren la actividad de gaviotas, ratas y ratones, moscas, mosquitos y otros insectos y hasta zorros y jabalíes – dicen – en sus aledaños. Y tres semanas más tarde, incendios espontáneos o provocados.
Hace muchos siglos Roma era una ciudad en la que la aglomeración y el ocio de muchos de sus habitantes hacían imposible transitar por las vías Appia y Flaminia. El Argileto, el Vicus Tuscus y la Suburra eran un frenesí, un ruido inacabable, un estrépito inaguantable. Y los peligros se cernían sobre los viandantes por la noche. Juvenal lo describía de este modo mordaz: “¡A la calle lo que sobra!”.
De mucho tiempo antes de ahora, nos dice Marcial: “No te dejan vivir; de noche los panaderos; por la mañana los maestros de escuela, a todas horas los caldereros que golpean con su martillo: aquí es el banquero que, no teniendo otra cosa que hacer, revuelve sus monedas en sus sórdidas mesas; allí un dorador que con el bastoncito da en una piedra reluciente. Sin interrupción los sacerdotes de Belona, poseídos de la diosa, lanzan gritos furibundos… El náufrago, con un trozo de madera colgado al cuello, no acaba nunca de repetir continuamente su historia; el pequeño hebreo, amaestrado por su madre, de pedir limosna lloriqueando; el revendedor legañoso de ofrecerte las pajuelas para que se las compres, y cuando las mujeres con sus sortilegios de amor hacen que se oscurezca la luna, todo el mundo halla a mano algún objeto de cobre que aporrear, hasta que se desvanece el hechizo”. Y Juvenal remacha: “¡Cuesta una fortuna dormir en Roma!”. 
Las cosas no son nuevas en la historia. Pero lo que es siempre viejo es la inercia que nos lleva a comportamientos que no son humanos. Basta repasar la crónica social de las ciudades en nuestro siglo XXI para descubrir que las grandes ciudades (sobre todo las grandes) se han convertido (sobre todo en algunos barrios) en zoos humanos donde la convivencia se hace difícil, si no imposible, a no ser que asumas o al menos mimetices el comportamiento de los que las dominan. ¡Y eso nunca! Nunca “¡A la calle lo que sobra!”.

martes, 6 de septiembre de 2016

Ciao Piccola!

CIAO PICCOLA, YO SOLO ECHÉ UNA MANO PARA SACARTE DE AQUELLA PRISIÓN DE ESCOMBROS. PERDONA QUE HAYAMOS LLEGADO TARDE. POR DESGRACIA HABÍAS DEJADO YA DE RESPIRAR, PERO QUIERO QUE SEPAS ALLÁ ARRIBA QUE HEMOS HECHO TODO LO POSIBLE PARA SACAROS FUERA DE ALLÍ. CIAO GIULIA. CUANDO VUELVA A MI CASA EN LA AQUILA SABRÉ QUE HAY UN ÁNGEL QUE ME MIRA DESDE EL CIELO Y DE NOCHE SERÁS UNA ESTRELLA LUMINOSA. CIAO, GIULIA. AUNQUE NUNCA ME HAYAS CONOCIDO, TE QUIERO MUCHO.
ANDRÉS
Así se desahogaba un bombero con un saludo emocionado que dejó sobre el ataúd de una niña, Giulia, muerta en el terremoto del pasado 24 de agosto en Pescara del Tronto. Giulia, que había muerto cubriendo y salvando la vida con su cuerpo a su hermana Giorgia, de 4 años. 
¿Para qué añadir palabras que no dicen nada y que profanan la tristeza ante una niña muerta y la impotencia de un hombre valiente, sensible, que llora con ternura la inutilidad de su deseo? Cada uno de los que leemos esa preciosa oración a Julia sentimos que el mundo necesita más honradez en la construcción del techo que nos cobija y, sobre todo, más corazón para los demás, más identificación con su debilidad y más decisión, seriedad y entrega para llegar al fondo de los problemas de los demás, del mundo y de su historia.

No hace falta añadir nada más. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Educar.

Acabo de leer la reseña en La Vanguardia de una entrevista a la catedrática de Español y asesora del Ministerio de Educación sueco Inger Enkvist. Se refiere a los cimientos de la educación en Occidente. Y afirma, por ejemplo: "Se ha creído que la educación era un bien ya conquistado y han dejado de exigir esfuerzo a los alumnos". Dicho de otro modo, sin duda peor: el esfuerzo no es una actitud que se considere fundamental (de “fundamento”, es decir, cimientos) en la consolidación de la personalidad de los hijos y alumnos. O, traducido a otro modo, nuestros hijos y alumnos no maduran. Probablemente porque en la maduración de los padres y educadores ha faltado la convicción de que sólo crece el árbol que lucha por su propia vida, de que la “selección natural” es un proceso inevitable. “Que no sufra”, “Que no tenga que esforzarse”, ”¡Pobrecito! ¡Es tan pequeño!”. Y lo logran: pequeño se queda aunque le crezca al cuerpo, el mal genio, las exigencias y las ganas de que le den las cosas hechas.
Cree Inger “que es un error considerar que todos los alumnos se esfuerzan y por eso no exigir resultados, motivo por el que ahora, el alumno se percibe como algo «intocable». Sigo copiando lo que nos dice la profesora Enkvist: "… para que haya inclusión todo el mundo tiene que aceptar hacer su trabajo. Si anteponemos la convivencia al aprendizaje se hunde todo". Y "el aprendizaje mejora la convivencia" y no al contrario.
De Finlandia elogia: "… preparan muy bien a los niños en primaria, establecen buenas costumbres de trabajo con apoyo inmediato al alumno que lo necesita para que no acumule retraso". Lo que hay que hacer es dejar claro a los alumnos que "no pasarán de curso si no se saben las materias". "…Si el alumno no llega al segundo ciclo sabiendo leer de manera fluida y no tienen un conocimiento del mundo, están completamente perdidos en el entorno educativo, en su mundo privado y lo estará en el laboral".
Sigue afirmando que la educación debería primar la calidad de la enseñanza sobre la cantidad de horas que se pasa en el colegio -"los finlandeses están 5 horas en el colegio y no tienen demasiados deberes porque en casa se dedican a leer". Y  destaca que "la educación no debería ser una cuestión política…. Se debería permitir a la familia elegir la lengua vehicular si lo que queremos priorizar es el dominio del lenguaje".
"Lo más importante es que los niños tengan vocabulario y conocimientos, y para eso escuela y padres deben estar de acuerdo y fortalecer la lengua materna, así es más fácil aprender el otro idioma, pero como materia. En mi país se dan tres clases de sueco por semana en sueco y todo el mundo habla sueco", porque hay que tener claro, dice esta catedrática de español, que "la lengua es un instrumento, no una meta". "Si una sociedad se cierra está quitándole oportunidades a sus jóvenes".
“Destaca la necesidad de tener buenos profesores y recuerda que en países como Finlandia, «a los profesores de preescolar se les exigen una nota de corte muy alta, y todos tienen un máster. Los padres saben que están muy preparados y los alumnos que ser profesor es muy difícil y que los suyos están entre los mejores del mundo. De un buen profesor no te olvidas jamás».

martes, 23 de agosto de 2016

La Jornada Mundial de la Juventud en Alepo (Siria).

La nota que nos llega de Alepo (Siria) donde el corazón late fuerte, no solo por la amenaza de los bombardeos, sino en otra esfera donde siguen siendo posibles el amor y la esperanza, nos llena de admiración y nos anima a una solidaridad más valiente.
“Los Salesianos en Alepo, junto con las iglesias locales y alrededor de 30 asociaciones y grupos scout, organizan el 29 y 30 de julio, coincidiendo con el Día Mundial de la Juventud en Cracovia, la JMJ de Alepo con el título “Mover el corazón”, que tendrá las participación de más de 1.200 jóvenes.
La presencia salesiana en Alepo, a pesar de la guerra, se mantuvo cerca de la población y continúa su trabajo educativo pastoral especialmente con los jóvenes y con el espíritu de Don Bosco. Una vez que finalizaron las actividades de verano, que involucró a unos 950 jóvenes y 85 animadores, el oratorio se mantiene abierto y muy activo.
No pudiendo estar presentes en la JMJ en Cracovia, los Salesianos de Alepo han decidido organizar un evento que de alguna manera podría hacer llegar la JMJ hacia Alepo. De esta manera ha partido la idea de hacer una JMJ en Alepo, con el tema “Mover el corazón”, que la organizan las iglesias locales, con la aceptación de los Obispos de las Iglesias Orientales e Iglesia Católicas de Alepo y con la participación de 30 asociaciones y grupos scout.
El P. Pier Jabloyan, SDB, vicario de la obra Salesiana de Alepo Salesiana, explicó a Vatican Insider: “Mover el Corazón”, significa el movimiento del corazón que tuvo Jesús con la gente pobre que ​​es una invitación abierta a los jóvenes para asimilar los sentimientos de Jesús para con los otros. Hasta la fecha no tenemos un vínculo con el evento mundial, aunque nos gustaría hacer llegar la voz de los jóvenes de Alepo al Papa.
La misericordia en mi país - continúa el P. Jabloyan - y especialmente en mi ciudad de Alepo, se manifiesta diariamente a través de las personas de buena voluntad que realizan verdaderos actos de piedad y muestra cómo el Señor resucitado es verdaderamente el Señor de la vida. No tenemos mucho que decir, tratamos de hacer el bien en función de las posibilidades que tenemos y frente a la situación que estamos viviendo, porque aquí nada es seguro”.
"Asistimos al golpe de los morteros, escuchamos las bombas, los proyectiles perdidos y las ametralladoras... No podemos acostumbrarnos a una guerra que recoge cada día vidas inocentes". Concluye el P. Pier “En estos tiempos de guerra, hay que tomar en serio la piedad, la misericordia y el perdón, porque sin misericordia y sin perdón la guerra no tendrá fin”.

jueves, 28 de julio de 2016

La Nacencia.

Luis Chamizo fue un notable poeta de Badajoz (Guareña, 7 de noviembre de 1894) que murió en 1945 en Madrid, donde tiene una calle. La poesía que transcribimos refleja, en el lenguaje de su tierra, toda la ternura ante el hecho estremecedor del nacimiento de un primer hijo en circunstancias dramáticas.

I
Bruñó los recios nubarrones pardos
la lus del sol que s’agachó en un cerro,
y las artas cogollas de los árboles
d’un coló de naranjas se tiñeron.
A bocanás el aire nos traía
los ruídos d’allá lejos
y el toque d’oración de las campanas
de l’iglesia del pueblo.
Ibamos dambos juntos, en la burra,
por el camino nuevo,
mi mujé mu malita,
suspirando y gimiendo.
Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirrïando por el cielo,
y volaban pal sol qu’en los canchales
daba relumbres d’espejuelos.
Los grillos y las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos,
y roändo, roändo, de las sierras
llegaba el dolondón de los cencerros.
¡Qué tarde más bonita!
¡Qu’anochecer más güeno!
¡Qué tarde más alegre
si juéramos contentos!...
- No pué ser más- me ijo- vaite, vaite
con la burra pal pueblo,
y güervete de prisa con l’agüela,
la comadre o el méico -.
Y bajó de la burra poco a poco,
s’arrellenó en el suelo,
juntó las manos y miró p’arriba,
pa los bruñíos nubarrones recios.
¡Dirme, dejagla sola,
dejagla yo a ella sola com’un perro, 
en metá de la jesa,
una legua del pueblo...
eso no! De la rama
d’arriba d’un guapero,
con sus ojos roendos
nos miraba un mochuelo,
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos...
¡No tengo juerzas pa dejagla sola;
pero yo de qué sirvo si me queo!
La burra, que rroía los tomillos
floridos del lindero
carcaba las moscas con el rabo;
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¡Qué pensará la burra
si es que tienen las burras pensamientos!
Me juí junt’a mi Juana,
me jinqué de roillas en el suelo,
jice por recordá las oraciones
que m’enseñaron cuando nuevo.
No tenía pacencia
p’hacé memoria de los rezos...
¡Quién podrá socorregla si me voy!
¡Quién va po la comadre si me queo!
Aturdio del tó gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo;
y aquellos ojos verdes,
tan grandes, tan abiertos,
qu’otras veces a mí me dieron risa,
hora me daban mieo.
¡Qué mirarán tan fijos
los ojos del mochuelo!
No cantaban las ranas,
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s’aplacaron,
s’asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, rondo, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¡Daba yo no sé qué tanto silencio!
M’arrimé más pa ella;
l’abrasaba el aliento,
le temblaban las manos,
tiritaba su cuerpo...
y a la luz de la luna eran sus ojos
más grandes y más negros.
Yo sentí que los míos chorreaban
lagrimones de fuego.
Uno cayó roändo,
y, prendío d’un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Que bonita y que güena,
quién pudiera sé méico!
Señó, tú que lo sabes
lo mucho que la quiero.
Tú que sabes qu’estamos bien casaos,
Señó, tú qu’eres güeno;
tú que jaces que broten las simientes
qu’echamos en el suelo;
tú que jaces que granen las espigas,
cuando llega su tiempo;
tú que jaces que paran las ovejas,
sin comadres, ni méicos...
¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo tú tan güeno?...
¡Ay! qué noche más larga
de tanto sufrimiento;
¡qué cosas pasarían
que decilas no pueo!
Jizo Dios un milagro;
¡no podía por menos!


II
Toito lleno de tierra
le levanté del suelo,
le miré mu despacio, mu despacio,
con una miaja de respeto.
Era un hijo, ¡mi hijo!,
hijo dambos, hijo nuestro...
Ella me le pedía
con los brazos abiertos,
¡Qué bonita qu’estaba
llorando y sonriyendo!
Venía clareando;
s’oïan a lo lejos
las risotás de los pastores
y el dolondón de los cencerros.
Besé a la madre y le quité mi hijo;
salí con él corriendo,
y en un regacho d’agua clara
le lavé tó su cuerpo.
Me sentí más honrao,
más cristiano, más güeno,
bautizando a mi hijo como el cura
bautiza los muchachos en el pueblo.
Tié que ser campusino,
tié que ser de los nuestros,
que por algo nació baj’una encina
del camino nuevo.
Icen que la nacencia es una cosa
que miran los señores en el pueblo;
pos pa mí que mi hijo
la tié mejor que ellos,
que Dios jizo en presona con mi Juana
de comadre y de méico.
Asina que nació besó la tierra,
que, agraecía, se pegó a su cuerpo;
y jue la mesma luna
quien le pagó aquel beso...
¡Qué saben d’estas cosas
los señores aquellos!
Dos salimos del chozo,
tres golvimos al pueblo.
Jizo Dios un milagro en el camino:
¡no podía por menos!

viernes, 22 de julio de 2016

Kazanlak.

Don Bosco está en Kazanlak, Bulgaria, desde hace 22 años. Bulgaria está rodeada, ya sabes, por Rumanía, Serbia, Macedonia, Grecia y Turquía. Y se asoma gozosamente por el Este al Mar Negro. Los salesianos, solo cuatro, atienden dos obras en el centro de la nación: Kazanlak y Stara Zagora. Tres son checos y el cuarto, el más joven, Donbor Jyrwa, llegado hace poco, es indio y recibió la ordenación diaconal con rito católico bizantino (bien se ve en la foto) el pasado 18 de Junio en la parroquia salesiana de San José de Kazanlak.
Este notable acontecimiento es parte de la imagen de los misioneros que Don Bosco envía al mundo. La India, salesiana desde hace poco más de cien años, transfunde su joven fe con la vida de muchos misioneros en muchos lugares de la Tierra. Siendo como es la nación que más salesianos tiene en la actualidad (casi 2700 incluidos los 130 novicios) es natural que se ofrezca como sembradora de la misión de Don Bosco. Porque Don Bosco se sintió eco de las palabras de Jesús: “¡Id a todo el mundo para dar a todos los hombres esta buena noticia!”.
Cuando, estando en Barcelona en 1886, tuvo un sueño misionero la noche del 9 al 10 de abril, la Virgen le indicó “lo que debían hacer los salesianos” desde Valparaíso a Pekín, pasando por el corazón de África.
Diez años antes, cuando ya tenía a sus hijos en Argentina, les había escrito lamentando ser ya viejo y no poder unirse a ellos para darles un abrazo de padre y animarles en su valiente trabajo de ayuda a los jóvenes.
Somos y debemos seguir siendo de esa estirpe. No iremos porque los años, la familia, el trabajo, la salud… nos atan a este banco de aquí. Pero nada nos impide tener un corazón como el del padre en todo lo que sirva para que el trabajo que otros sí hacen sea más jugoso, más valiente, más generoso. ¡A la obra!