martes, 15 de mayo de 2018

Nuestro Auxilio, una mujer.


La imagen de María Auxiliadora que contemplamos con más frecuencia es la que pintó el artista Tommaso Lorenzone por encargo y siguiendo indicaciones precisas de Don Bosco para su Basílica de Valdocco.
La advocación y el título atribuido a la Virgen como Auxilium Christianorum procede de la segunda mitad del siglo XVI (7 de octubre de 1571), cuando el Papa Pío V atribuyó la victoria sobre los turcos a su materna intervención. 
El 12 de Septiembre de 1683 fue Inocencio XI el que promovió en Viena una manifestación de agradecimiento a la Madre de Jesús y de todos los hombres por la victoria de Juan Sobiescki sobre los turcos que asediaban aquella ciudad. Al año siguiente se formó la primera Asociación de María Auxiliadora en Munich (Baviera, Alemania).
Y en 1815 (9 de febrero)  Pío VII, liberado de la prisión a la que le había sometido Napoleón Bonaparte, instituyó su fiesta: 24 de Mayo.
La que preside nuestras Buenas Noches de hoy es obra del canónigo Michele Cattaneo natural de Pontecurone y, por tanto, paisano de San Luis Orione
Fue un regalo para Don Bosco y estuvo en la Basílica hasta la instalación del cuadro de Lorenzone en 1868.
La estatua pasó a un museo de preciosos recuerdos salesianos de Valdocco hasta que el Rector Mayor don Renato Ziggioti la cedió al P. Lorenzo Nicola para el primer seminario orionista de España en Frómista (Palencia). Al cerrarse este, la estatua preside maternalmente la obra orionista de Posada de Llanes, Asturias.

jueves, 10 de mayo de 2018

La medida de Procustes.


Procustes era un bandido griego en la lejana historia. Siempre y en todas partes ha habido bandas y  bandidos. Basta mirar a nuestro derredor (y un poco más allá) en nuestra querida Patria. Con su banda actuaba Procustes en el Ática. Vigilaba el paso de los ingenuos que osaban pasar por un determinado puerto en la montaña. Los detenía y robaba. Y a los que no satisfacían su avidez, los sometía a esta corrección: tendido en un lecho que tenía la medida del bandido, los descoyuntaba o cortaba los pies si no llegaban a su estatura o la excedían.
Procustes no era, evidentemente, un hombre educado. Ser educado lleva consigo aceptar que cada persona con quien convivimos sea ella misma, respire su aire, disfrute de sus derechos, conserve su propia medida.
Cuando oprimimos, deprimimos, exprimimos o comprimimos (que todo eso somos capaces de hacer en los vericuetos de nuestra vida)... cuando hacemos algo de eso con nuestro vecino y le sometemos con ello a nuestra medida, a nuestro gusto, a nuestro criterio, a nuestra real gana, empezamos, seguimos y acabamos siendo mal educados. Como Procustes.
En el fondo, un ‘maleducado’ es un egoísta. Y un egoísta es, en el fondo y la forma, un inmaduro, un enano, un raquítico de espíritu que conserva, aún después de muchos años de vida, la idea infantil de que todo el mundo gira alrededor de él, de que él es el bello ombligo del mundo. “¡Cuántos son los enanos!”, lloraba Plauto. Y Juvenal decía: “Los buenos son tan pocos, que apenas llegan al número de las puertas de Tebas o de las bocas del Nilo”· Que eran siete.
En la historia de los hombres hay figuras que pasan por modelos. Buenos o malos. Un modelo fue Caín. Estaba estrenando la vida y ya oía en su corazón: “... a tus puertas está el egoísmo acechándote como una fiera que te codicia y a quien tienes que dominar”. Y él respondía a Dios, después de haber matado a Abel: “No sé dónde está. ¿Es que me toca a mí cuidar de mi hermano?” Un poco descuidados debieron de estar Adán y Eva en la educación de este hijo mayor.
Así hablan todos los egoístas, es decir, todos los ‘maleducados’. No saben dónde están sus hermanos. ¡Que no los ven, vamos! Y si no los ven, mal pueden preocuparse de ellos. Hacen verdad -  pero ¡de qué modo tan miserable y tan triste! - la afirmación de George Berkeley hace tres siglos: Esse est percipi. Existe lo que veo, en una traducción cómoda. Existimos porque Dios nos ve. Existen las cosas que percibimos. Y las personas. Podríamos pasarlo a nuestro lenguaje vulgar: “Lo que no me interesa, ni lo veo: no existe para mí”.

sábado, 5 de mayo de 2018

Crecer, y no solo en estatura...


En la revista rusa Tekhnika Molodezhi (algo así como Técnica Juvenil) apareció hace años un estudio de proyección de un ingeniero llamado Arseniev. Calculaba el crecimiento de la raza humana a partir de 1945 y a partir de los 10 centímetros que decía haber crecido el hombre en 30 años (crecimiento medio, claro está), aventuraba para el varón una estatura media en el año 2000 de 175 centímetros; 199 en el 2200; 238 en 2400… y aseguraba que en el año 3000 el hombre mediría, en términos medios, 577 centímetros y la mujer 238.
Me asusté pero me quitó el susto no creerlo. Aun no creyéndolo, yo pensaba: “En estatura física, no. Pero ¿crecerá el hombre medio en «humanidad», es decir, en todo lo que hace al hombre más hombre y menos animal?”.
Algunos años más tarde, es decir, ahora, tengo la respuesta. Y no es placentera. Porque la lógica me diría que el paso del tiempo haría que el hombre perfeccionase su ser. Superadas posibles dificultades de edad o de carestías personales, familiares, sociales, la admirable energía que el hombre atesora y puede orientar y su condición de ser comunitario, deberían haberle hecho crecer en dignidad, nobleza de espíritu, excelencia de ánimo, generosidad, apertura a los demás y sueños de elevarse sobre la tendencia animal de egoísmo para inundar su mundo con su grandeza natural. Con todos sus frutos. Con la sinergia (¡bonita palabra!) que se obtiene al unir la propia calidad con la de otros, con la de muchos, con la de todos.
Afortunadamente todo lo anterior es un hecho en muchos. Pero desgraciadamente no es un logro en todos. Observar la postura casi espontanea de reserva, de excusa de esfuerzo, de divergencia de valores y proyectos, de desencuentro con todos los “otros” con los que estoy llamado a  crear una sociedad nueva, mejor que la que encontré, me lleva a pensar que el individualismo se impone con su fuerza instintiva al mandato natural y difícil de “ser para los demás”.
En nuestra tarea educativa debe prevalecer esta inquietud como una necesidad existencial. Y debemos alentarlo de un modo explícito, entusiasta, alegre, constante, por encima de cualquier programa canijo en el que el “me importa mi yo” se imponga con toda su miseria.

lunes, 30 de abril de 2018

En Purwodadi, Don Bosco no para nunca.


Don Bosco nunca para. Nosotros, que seguimos escuchando que nos desea buenas noches, debemos seguirle por este pobre mundo buscando quiénes son los últimos que ha encontrado. Son estos de la obra salesiana de Purwodadi, abierta hace dos años por indicación del obispo de Punwokerto monseñor Julianus Sunarko, Jesuita.
Está en la provincia de Java Central, a 500 kilómetros de Yakarta y a 300 de la escuela salesiana de Blitar.
Y en ella cinco salesianos, secundados por educadores cristianos y musulmanes, animan una escuela para jóvenes de familias pobres. Seis de ellos, católicos, están en forma de internado y sirven de ejemplo y de vivencia del mensaje cristiano en el estilo de Don Bosco
Los 20 educadores de la obra admiran el espíritu de familia y el trabajo de grupo de toda la comunidad, comprometida en elevar la condición humana y social de la vida de los jóvenes.
Después de dos años, el párroco de la parroquia, misionero del Sagrado Corazón, pidió ayuda a los salesianos para la Pastoral Juvenil y se abrió un oratorio en Purwodadi. Y toda la Iglesia local se ha volcado en alentar este servicio tan salesiano. Dos salesianos y 30 jóvenes católicos animan el Oratorio cada quince días.
La comunidad salesiana sueña con atraer a más estudiantes, mejorar las infraestructuras y construir una casa comunitaria estable, ya que la actual, cerca del mar, se inunda con frecuencia con aluviones inevitables. Tratan de conseguir terreno para los campos de deportes y para el mismo centro escolar.
Ojalá haber seguido a Don Bosco en este nuevo servicio a los jóvenes de Yakarta despierte en los que leen su mensaje una actitud de sensibilidad para ceder algo que se tiene a los que no tienen casi nada. 

jueves, 26 de abril de 2018

El "Gris": el perro de Don Bosco.


Al perro que desde 1854 hasta 1864 esperaba a la puerta y acompañaba a Don Bosco en su salida hacia Turín le llamaron los muchachos, por su color, El Gris. Conoces bien aquella forma especial de defensa que sin duda se le regalaba a Don Bosco en tiempos calamitosos de pobreza y violencia.   
Resumo lo que el coadjutor salesiano Renato Celato narraba con ocasión de la inauguración del gran templo dedicado a Don Bosco en Cinecittà, Roma, a primeros de mayo de 1959 para la que se había llevado desde Turín la urna con el cuerpo del Santo.
En el regreso a Turín se detuvieron en la casa Salesiana de La Spezia: un perro estaba junto a la puerta de la iglesia. El señor Bodrato intentó alejarlo dándole una patada. El perro no reaccionó. Al llevar la urna al templo, entró el perro. El Director pidió a los policías que lo echaran. No lo lograron. Se quedó en la iglesia hasta mediodía.
«Cuando iban a cerrar la iglesia, el perro salió al patio entre los muchachos que le acariciaban. Yo me uní a ellos.                                                   
Fuimos a comer en el primer piso: El perro subió hasta allí y tranquilamente empujó la puerta, entró en el comedor y se puso a pasear entre las mesas.
Le ofrecieron pan, carne, salame... No lo tocó. Un salesiano le dio una patada para alejarlo. El perro no se inmutó y se quedó hasta el final de la comida paseando entre los presentes. Poco antes de la oración de gracias, abrió la puerta y salió.
Volvimos a la iglesia para continuar el viaje. Estaba bajo la urna. ¿Cómo había entrado si la iglesia estuvo cerrada? Después de cargar la urna en el furgón le saqué una foto. 
Salimos hacia Génova-Sampierdarena, pasando por el puerto del Turchino. Don Fidel Giraudi, que iba junto a mí en el coche, me decía de vez en cuando: “¡Fíjate y mira si sigue el perro!” Y seguía. Siempre detrás de nuestro furgón, también en los pueblos.
Lo vi todavía hasta la tercera curva. Después despareció».

sábado, 21 de abril de 2018

Trevi: una fuente milenaria y solidaria.


En el siglo IV había en Roma 1352 fuentes públicas, más o menos vistosas y más o menos abundantes. Una de ellas, la de Trevi, cumple este año 2.037 años de edad.
Fue una jovencita pastora la que, según la leyenda, indicó a un destacamento militar un lugar donde beber en las cercanas colinas de Roma, a unos 20 kilómetros al Oeste. Se la llamó Aqua Virgo. Agua destinada en un principio, según la propuesta del general Marco Vipsanio Agripa, yerno del emperador Augusto, a las termas del llamado Campo Marcio donde ahora se encuentra la espléndida Piazza del Popolo.
En el relieve, que figura en el precioso conjunto escultórico de la Fontana di Trevi, se recuerda ese hecho.
El monumento se tocó y retocó, hasta llegar a su espléndido estado actual  en 1762.
No es difícil verla, cuando se visita la ciudad, ya que se encuentra en un lugar muy céntrico y concurrido, a pocos minutos, por ejemplo, de la Presidencia de la República.
Hay una vieja costumbre de arrojar monedas al agua, esperando que el gesto mueva a fuerzas ocultas a llevar los que las lanzan a visitarla de nuevo.
Cuando se recuenta la cantidad recogida en un año se llega actualmente, más o menos, a 1.400.000 euros. Don Luigi di Liegro fundó en la Caritas de la diócesis un ente que ofrece, con parte de ese fondo, hospedaje a pobres sin hogar, familias en crisis, comida diaria… Roma es también grande en pobreza.
Hace unos meses el Ayuntamiento decidió cambiar la gestión de esos fondos y desde el próximo 1º de abril será el municipio el que decida. Se espera que se siga atendiendo a los pobres y que los admiradores de la fuente sigan siendo generosos al tirar sus monedas al mismo tiempo que expresan el deseo de volver de nuevo a la Ciudad Eterna.

lunes, 16 de abril de 2018

Terencio: sentencias antiguas y sabias.


Publio Terencio Africano vivió solo treinta y cinco años: murió en el 159 aC, mucho antes del Imperio, según nos cuenta Suetonio. Nació esclavo, pero su amo, Terencio Lucano, le dio su nombre y la libertad al constatar la grandeza de su mente y su criterio. Escribió seis obras de ambiente griego que se conservan, dado su estilo de carácter ejemplar y educativo y el agrado que su lectura produjo durante la Edad Media y el Renacimiento (AndriaEl eunucoEl autoflageladonada menos que HeautontimorúmenosAdelfosLa suegra y Formión) por su estilo inteligente, espontáneo y agradable.
A este Terencio se le deben “sentencias”, tomadas de sus obras, que manifiestan la sensatez de su pensamiento y que hoy nos hacen tanta falta como a los que le leyeron hace dos mil años. Vamos con una.

La condescendencia crea amigos y la verdad, odios.  

Condescender no es solo ceder. Es ceder bajando. Prescindir del propio criterio, del posible sentido que se tiene del deber y la justicia, de la decisión de mantener en pie de todos modos la convicción que seguramente creíamos que era peculiar de nuestra identidad personal, poseedora y defensora de la verdad. Todos sabemos, como lo sabía Terencio, que tener enemigos es malo, que suscitar odios es peligroso, que vale la pena fingir para no traicionarnos antes que ganarnos enemigos de los que, si lo son, no sabemos qué podemos recibir.   
Porque lo que en un primer momento obtenemos, la paz, es un espejismo. Porque “dejarnos en paz” el que acosa no le hace cambiar; nos hace cambiar a nosotros y nos obliga a tratarle en adelante con la avergonzada careta del fingimiento, de la mentira ante su amenaza de amistad que nos da miedo.
Amenazar con esa paz es un procedimiento frecuente en una sociedad que crece inmadura, infantil, cobarde y que alimenta la imposición del egoísmo, el capricho, el insensato “la razón la tengo yo”, que da sombra a nuestras vidas.       
¿Lo tenemos en cuenta en nuestra tarea de modeladores de personalidades?

miércoles, 11 de abril de 2018

Flightradar_24 o el acompañamiento personal.


La plataforma FLIGHTRADAR24, como sabes, es una aplicación de seguimiento de vuelos en Google Play que incluye a cien países. Seguramente has tenido el deseo de pasar un rato siguiendo el vuelo de algún avión en tiempo real, porque, al conocer su procedencia y el tiempo del vuelo, te fue fácil dar con él. Y pudiste ver las horas de despegue y de llegada o su retraso real. Y muchos datos más sobre la aeronave y los aeropuertos interesados.
He empezado con esta leve y profana referencia para adentrarme un poco en el interés que desplegamos sobre los mundos de los que solemos tener curiosidad. Y de los que leemos, vemos o escuchamos en otros medios. Y de la inutilidad de conocerlos porque ni nos sirven, ni nos orientan, ni nos aportan nada, ni podemos modificar su trayectoria, ni podemos acceder a ellos para corregir su rumbo.
Es decir, la curiosidad nos abre acceso con su atractiva facilidad a cosas que ni nos van ni nos vienen, pero que nos regalan el placer de llegar a ellas de ese modo.  
Todo ello (o casi todo) es bueno: nos enriquece, estimula nuestra imaginación constructora, nuestra capacidad para juzgar, decidir y hasta para formular alguna solución a los posibles problemas descubiertos.
Despertemos ahora de esa evasión de los aviones y recorramos de arriba a abajo el panorama de nuestra vida, de la vida de los que la comparten con nosotros, de los que nos piden sin palabras que nos interesamos por el fondo de su espíritu, que manifestemos de un modo no anecdótico nuestro auténtico interés por ellos.
He oído decir alguna vez a una muchacha: “Mi madre no me quiere”. Yo estaba seguro de que no era verdad. Pero igualmente seguro de que su madre no la miraba. Porque esta clase de “aviones” hay que mirarlos para que no se vengan abajo. Y no hace falta decir a cada padre y a cada madre que su hija y su hijo creen en el amor, pero que a lo mejor (a lo peor) no lo sienten. 

viernes, 6 de abril de 2018

Los cerezos: regalo de la naturaleza.


En la provincia de Guizhou, en el suroeste de China, el estallido anual de los cerezos colorea las ciudades de rosa y blanco. ¡Empieza la Primavera! Ahí arriba la tenemos en una pequeña muestra fotográfica. Esta gozosa llegada no se da, naturalmente, solo en Guizhou. El Valle del Jerte, El Hornillo, Albalate, Corullón, Los Molinos… son otros tantos lugares donde amanece el Sol en forma de flores blancas o rosas que parecen  posarse en los árboles.
Y más allá el Sakura japonés, los cerezos en Flor de Washington, el Festival de Gunhang en la ciudad de Jinhae, el Handargerfjord en Noruega frente a las cumbres heladas, y en Canadá con los cerezos de Vancouver que nos sugieren una cálida  reflexión.
En Vancouver, desde los últimos días de marzo y las primeras semanas de abril, se celebra el Festival del Cerezo, en el que está presente el Japón. Algunos canadienses se enfundan en kimonos y hanamis. Hace ochenta años las ciudades japonesas de Kobe y Yokohama regalaron 500 cerezos a Canadá en recuerdo y agradecimiento a los canadienses-japoneses que murieron en la Primera Guerra Mundial. Y en 1958 el cónsul japonés regaló otros 300 ejemplares con lo que la ciudad se ha convertido en un árbol familiar de los habitantes de Vancouver.
La flor del cerezo nos enseña a ser, entre los que nos tratan, y a enseñar a los que aprenden de nosotros el aprecio hacia los preciosos regalos de la naturaleza, prontitud en servir y alegrar, belleza en subrayar la nobleza de lo humilde, color y alegría para el monótono sucederse de los días y antídoto contra la enfermedad de la apatía, la indiferencia, el cansancio de vivir, el vacío de la esperanza hacia el futuro. 

domingo, 1 de abril de 2018

El Sistema Preventivo de D. Bosco.


Educar no es fácil. Si encontramos en la clase, en la calle, en el patio de un centro escolar, en el metro, en una acera, o... en nuestra propia casa jóvenes que, evidentemente, no son educados o, más propiamente, no están educados, podemos deducir que a sus padres y educadores les resultó difícil educarlos. Y lo lograron a medias. O no lo lograron.
En cambio, muchachos que, tal vez, no conocieron a sus padres ni tuvieron educadores en su infancia en lugares impensados, tal vez se acerquen a nosotros con el aplomo de una persona madura, de un acompañante fiel. ¿Por qué? Han tenido cerca la experiencia de un ambiente, de unos amigos sinceros que desplegaron junto a él la vivencia de “razón, religión y cariño” que, según Don Bosco, constituyen el tesoro de una “buena” educación.
Así lo vivió él. Y en marzo de 1877 creyó oportuno manifestarlo a los que tenían interés en conocer el secreto de su “sistema educativo”, publicándolo en un precioso folleto: “El Sistema Preventivo en la educación de los jóvenes”.
Era, en cierta extensión, una novedad. Porque se consideraba muy difusamente que la disciplina era el resorte más adecuado para hacer un hombre de un muchacho. El dicho Avis, navis et puer a puppa reguntur, o algo parecido y fácil de traducir, era un axioma en la pedagogía de entonces.
¿Dónde está la clave del feliz resultado del “método” de Don Bosco? Un adolescente, un muchacho (entendía Don Bosco) necesita la cercanía asidua, la amistad sincera, la comprensión benévola de un amigo que engendra simpatía (palabra mágica si se ahonda en su enjundia), presencia incondicional, seguridad en el camino. Porque un adolescente en trance de educarse (que desea madurar positivamente en su conducta, en sus relaciones con los demás, en la necesidad de inserirse en lo plural que le rodea) siente soledad e inseguridad y la necesidad de estímulos, de alguien cercano que le ayude a ser él mismo.
¿Por qué a veces no lo logramos? Porque nos cansamos, porque tenemos otras cosas que hacer, porque ya le hemos dicho mil veces que…
Un buen educador crea un aire especial en el que el muchacho se sienta crecer, ser él mismo, decidir, buscar y lograr metas nobles que le ennoblezcan. Pero seguir junto a él (no estoy pensando, naturalmente, en una continua permanencia física) durante el tiempo que dura esa búsqueda nos llega a cansar.
Sería bueno analizar si mi interés y mi afecto son sinceros y fuertes, son generosos y optimistas para constatar que hemos acertado en nuestro empeño.