domingo, 4 de febrero de 2018

Hipatia, la más noble y antigua.

Hipatia de Alejandría - ¿recuerdas? - fue una notable estudiosa griega que sobresalió en el campo de las matemáticas y de la astronomía allá por el final del siglo IV y el comienzo del V. Murió víctima de la incomprensión en una triste algarada de cristianos.  
Su nombre griego parece sugerir el concepto de excelsa, la más alta o noble.
Por esta Hipatia, probablemente, y por su rareza, dieron los astrónomos su nombre a un meteorito que se encontró, como sabes, el año 2013, en el suroeste de Egipto. Y dicen, los estudiosos comentaristas de la naturaleza de esta piedra, que siguen con la boca abierta, sin saber ni comprender muchas cosas de ella.    
Aseveran, por ejemplo, algunos investigadores que “nunca había formado parte de un asteroide o cometa”; que su composición “no tiene absolutamente nada que ver con la de ningún meteorito, que suelen contener una pequeña cantidad de carbono y una gran cantidad de silicio”, mientras que Hipatia "tiene una enorme cantidad de carbono y una cantidad inusualmente pequeña de silicio" y que contiene una gran cantidad de compuestos de carbono poliaromáticos, componente esencial del polvo interestelar, que existía incluso antes de que se formara nuestro Sistema Solar".
Es decir, que es más vieja que el Sol y que podría tener más de cinco mil millones de años, edad que justifica que se la llame Hipatia (excelsa, la más noble, la más antigua).
Como tienes oportunidad para ahondar en este campo si te agrada, paso a una consideración muy sencilla y para algunos (tú no estás entre ellos, naturalmente), muy necesaria y para todos útil en la guía del juicio de nuestros pupilos.  
Todos hemos conocido la actitud de algunos que (ante un hecho o una cosa o la condición de una persona que dicen no comprender) afirman que es imposible, que es mentira, que es un invento que favorece no sé qué fines ocultos y tal vez inconfesables.   
La humildad no preside muchas veces nuestros juicios. Y esto nos hace incapaces de ser justos. Es más, incapaces de ser inteligentes. Inteligente, dicen, como sabes, aquellos que modelan las palabras, son los capaces de leer dentro de las cosas, de las personas, de los fenómenos, de la Historia. ¡Y de las humildes historias del amigo, del enemigo, del conocido, del desconocido…!
¡Cuántos patinazos da el juicio cuando de juicio se tiene poco, pero se abunda en osadía, insensatez, envidia, agresividad y desfachatez!

martes, 30 de enero de 2018

Robando horas al sueño: Biografía Fco. Besucco.

Robando horas al sueño y con una luz siempre deficiente, Don Bosco escribió mucho: libros, folletos, circulares, cartas… Resulta estimulante entrar en ese denso capítulo de su historia. Los estudiosos de su vida dicen que fueron 1174 los impresos cuyos originales salieron de sus manos.
Entre las biografías que le debemos ocupan un relieve especial las de Domingo Savio, de Mondonio; Miguel Magone, de Carmañola; y Francisco Besucco, de La Argentera.
Fueron tres tesoros en su Casa de Turín. En ella murieron, siendo muy jovencitos, los dos últimos. Savio, ya muy enfermo, pudo ir a descansar definitivamente a su hogar.
Son biografías con un contenido pedagógico consciente, como es natural. Y deben quedar para nuestro interés con la luz de una persona como Don Bosco, alerta de mente, cálida de corazón y perspicaz en acompañar en el aliento de mentes y corazones.  
«Este jovencito –afirmaba refiriéndose a Francisco Besucco-, mediante la cultura tendrá excelente resultado en su educación moral. Porque está demostrado por la experiencia que la gratitud en los niños es casi siempre presagio de un futuro feliz; por el contrario, los que olvidan con facilidad los favores recibidos y las atenciones que se les han prodigado en su favor, quedan insensibles a los avisos, a los consejos, a la religión, y por eso son de educación difícil, de resultado incierto».
Este “pastorcillo de los Alpes”, que eso había sido hasta los doce años, descubría en la casa de Don Bosco un camino que le conducía a ennoblecer su  vida. Pero manifestaba en su costosa adaptación a una vida totalmente nueva para él, la veta del agradecimiento que para su sagaz educador era “presagio de un futuro feliz”.
¿Educamos en el agradecimiento? En un mundo como el nuestro en el que mucho es regalo, casi todo es fácil y todo es gratis, ¿nos esforzamos por hacer ver el horizonte de altruismo, de generosidad, de sacrificio, de amor en los que educan? Ayudar a que sea así cultivará el sentido de la gratitud y abrirá el horizonte de la felicidad: “¡Ha habido tantos que me han dado tanto!”. 

jueves, 25 de enero de 2018

Luis Orione y el primer milagro de D. Bosco.

La figura de San Luis Orione campea en la historia de la iglesia católica como una bandera desplegada en favor de los menos favorecidos. Siendo seminarista en Tortona (Italia) se volcó en el trabajo de servicio a los que recurrían a la Sociedad de mutuo socorro y a la Conferencia de San Vicente de Paul. Abrió un Oratorio y un colegio para muchachos pobres del barrio de san Bernardino. 
De 1886 a 1889 fue alumno de Don Bosco en el Oratorio de Valdocco de Turín y allí le pasó lo que se nos refiere en la publicación periódica “Amigos de Don Orione” de Tucumán (Argentina).
“El primer milagro obrado por Don Bosco luego de su muerte fue en favor del joven Luis Orione. De 1886 a 1889, fue alumno del Oratorio de Valdocco, en Turín. El día de la muerte de Don Bosco (1888), Orione era uno de los alumnos encargados de organizar la larga fila de devotos que venían a rezar ante su urna funeraria. Muchos fieles querían algún recuerdo del venerable sacerdote. ¿Cómo atender a tantos pedidos?
Presionado por las circunstancias, Orione, entonces con 16 años, optó por la solución que le pareció más simple y práctica. Corrió a la despensa –que estaba a su cargo– para cortar pedazos de pan, tocarlos en el Santo y dárselos a los fieles como reliquia. Pero la juventud no siempre es tan calma como generosa... En la prisa por satisfacer a todos, Luis Orione, que era zurdo, ¡se cortó el dedo índice derecho! ¿Dolor físico? Casi no lo sintió. Ninguna otra preocupación se apoderó de su mente más que esta: ¡sin ese dedo, no podría realizar su sueño de ser ordenado sacerdote!
Para evitar semejante desastre necesitaba la intercesión de Don Bosco. Corrió, sujetando el dedo que colgaba tan sólo de una delgada capa de piel, y lleno de fe lo tocó en el cuerpo del Santo. En el mismo instante, el dedo cicatrizó perfectamente. Aún puede verse hoy, en el cuerpo del Bienaventurado Orione, la marca del corte rodeando por completo el índice derecho”.

sábado, 20 de enero de 2018

Una Rosa para el corazón, no para las manos.

No voy a contar la atormentada historia de René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke, porque no hace falta y porque la conoces.  Solo recordar una anécdota que he copiado de algún sitio y que, sin duda, recuerdas. Y hacer sobre ella un breve comentario. Una anécdota de su vida, vida llena de finura, sensibilidad, contradicciones y sufrimiento.
Había nacido en Praga, en 1875, en una familia en la que no encontró cariño. Y vivió en Viena, Praga, Múnich, París…
En París acudía con una amiga a la universidad, y todos los días encontraban en su camino y en el mismo lugar de la calle una estatua humana: una mendiga doblada sobre sí con la mano tendida pidiendo una limosna.
Y todos los días la amiga francesa dejaba en aquella mano una moneda. Le extrañaba a la joven que Rilke no hiciese lo mismo y le preguntó la razón.
- "Tendríamos que darle algo a su corazón, no a sus manos", comentó el poeta.
Y al día siguiente el poeta dejó suavemente en la mano de la pordiosera una hermosa rosa que había llevado consigo.
Y entonces se realizó un milagro: la estatua mendicante adquirió vida, elevó su mirada hacia aquel extraño bienhechor, se levantó con dificultad, besó su mano y, apretando su rosa contra el pecho, se alejó lentamente.
Pasada una semana, volvieron a encontrar a aquella pobre mujer en su sitio de siempre y en su actitud de estatua. La muchacha preguntó al amigo: - ¿De qué habrá vivido todos estos días?
Rilke aseguró: "De la rosa".
Para los que se acercaron a Don Bosco necesitados de casa, abrigo y pan encontraron como un regalo diario casa, abrigo y pan. 
Pero el testimonio de todos los que recibieron de él esa limosna diaria, pudieron sentir y afirmar que toda su vida la vivieron ya encendidos de amor porque habían sentido que Don Bosco les había regalado su corazón.  

lunes, 15 de enero de 2018

Katisma: el descanso de la Virgen María.

Desde el comienzo de su vida, la Iglesia tuvo en cuenta sólo cuatro de los evangelios en que se escribieron la vida y las palabras de Jesús. Pero la lectura de algunos de los ingenuos relatos de otros, llamados apócrifos, despierta sentimientos de ternura y piedad.
En el capítulo tercero del llamado Evangelio de Santiago se lee: “José ensilló la asnilla e hizo que María se sentase en ella [...] Cuando estuvieron a tres millas de distancia, José se volvió y al verla triste se dijo: «Probablemente lo que lleva dentro la hace sentirse mal...». Y otra vez que se volvió José vio que reía. Entonces le dijo: «María, ¿qué es lo que tienes que veo tu rostro unas veces que ríe y otras sombrío?». Y dijo María a José: «Es porque veo con mis ojos dos pueblos: uno que llora y se golpea el pecho y el otro que se alegra y goza». Llegados a la mitad del camino, María le dijo. «Bájame de la asnilla, porque lo que está en mí aprieta y me obliga a dar a luz»”
Aquel lugar, a unos cinco kilómetro de Belén en el camino de esta ciudad a Jerusalén, fue honrado, siguiendo la tradición, por los cristianos desde los primeros tiempos. Una mujer devota de mitad del siglo V, Ikelia, levantó sobre la piedra en que, según la tradición, se había sentado María para descansar, una basílica. Se la llamó con el nombre griego de Katisma (asiento o lugar de descanso). Los árabes la llaman Bir-el-Quadismu, “Pozo del Descanso” o “Pozo de los Magos”.
Las excavaciones realizadas por  los judíos (dirigidas por Rina Avner) dieron a conocer una planta octogonal, en cuyo centro sobresale unos ocho centímetros del suelo una roca. Dos anillos de columnas rodean el octógono y hay, en forma de cruz, cuatro capillas. El conjunto mide cincuenta y dos metros de largo. 
Estos hechos revelan tanto la ternura con que los fieles seguían los pasos de María, como la mirada llena de compasión de ella hacia los hombres («Veo con mis ojos dos pueblos...») y la de aquellos primeros devotos a la Madre de Jesús, a la que sentían como una Madre sencilla y necesitada del mimo de sus hijos.
Un antiguo escritor decía a propósito de esta piedra, Katisma, y del descanso de María y del cansancio de Jesús: “... aun teniendo hambre, eres el pan de la vida, y teniendo sed, eres el refrigerio de los sedientos: eres río de incorruptibilidad. Y aun cuando te cansas recorriendo la tierra, caminas sin dificultad sobre las olas del mar. «Levántate, Señor, y ven a tu descanso tú y el arca de tu santificación»: evidentemente la Virgen, la Madre de Dios. Porque si tú eres la perla, con todo derecho ella es el cofre. Si tú eres el sol, necesariamente será llamada cielo la Virgen. Si tú eres la flor incontaminada, la Virgen será entonces planta de incorrupción, paraíso de inmortalidad”.
No es ahora distinto. Ella sigue colaborando, siempre Auxiliadora, en la obra de su Hijo. Camina entre nosotros, toma descanso con nuestro descanso, siente la presura de dar a luz, a la Luz, para rescatarnos de la tiniebla.

miércoles, 10 de enero de 2018

Akash Bashir: mártir del siglo XXI

(Copiamos de ANS-Lahore)

La sangre de los mártires es la semilla de los nuevos cristianos", escribía Tertuliano en el siglo II d.C. Este “milagro” se renueva también en Lahore, Pakistán, gracias al sacrificio de Akash Bashir, el joven ex alumno salesiano, que el 15 de marzo del año 2015 sacrificó su vida, abrazando a un atacante suicida, para evitar que entrase en la iglesia de San Juan en Youhannabad, un barrio cristiano de Lahore.
El P. Francis Gulzar, párroco de esa misma iglesia nos entrega su testimonio.
Dos años y medio después de los ataques que golpearon Youhannabad, la vida continúa. Nuestra parroquia, una de las más grandes de Pakistán, está llena de vida. Cada año tenemos alrededor de 800 nuevos bautizados, especialmente niños. Nuestras escuelas, nuestros centros comunitarios y los servicios de Caritas son la mejor expresión de la vitalidad de nuestra comunidad católica.
Entre las fuentes de luz y de compromiso está el joven Akash Bashir, nuestro héroe y mártir. Todos nos sentimos movidos por la gran fe de la familia de Akash Bashir: sus padres, sus dos hermanos y una hermana.
En nuestro cementerio cristiano se encuentra la tumba de Akash Bashir que está siempre llena de flores y en ella se puede leer: “Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).
Muchos llegan al lugar a orar y piden su intercesión. La comunidad parroquial ha publicado un folleto en inglés y en urdu con algunos testimonios y oraciones. Akash es una de esas personas que siempre ha demostrado ser un verdadero cristiano y un verdadero ser humano. Creemos que ofreciendo su vida por los demás, acompaña hoy a los otros mártires. Su actitud valiente transmite un mensaje de sacrificio. Y hoy oramos por todas las familias que han ofrecido a sus hijos para dar la vida por los otros. Que el ejemplo de Akash sea la fuente de transformación de todas las personas, de un amor verdadero, de un amor a Dios.
El Arzobispo de Lahore, Mons. Sebastian Francis Shaw, OFM, se expresa así: “Akash tenía un gran corazón, más grande que sus sueños, que lo hizo abandonar su vida por amor a Jesús”.

viernes, 5 de enero de 2018

Qué pasa? En un mundo fácil no se madura.

Hace ya algunos años mi sabio y buen amigo, claro de ideas y añoso de edad, me preguntaba: “¿Se ha dado usted cuenta (aunque me ganaba en años me trató siempre  de ‘usted’) de que las mamás arreglan a sus hijos de modo que parezcan más niños y hasta a los varones los acicalan como si fuesen niñas?”.
Me he detenido en analizar en los tiempos que corren esa afirmación con el deseo frustrado de que aquel agorero no pudiera ver cumplido su temor en muchas de las manifestaciones de la vida de hoy.
No hace falta ahondar mucho en los discursos, escuchar atentamente las acciones, proyecciones e intervenciones políticas, observar las apariciones sociales, la conducta de algunos artistas, las reacciones de algunos deportistas, el ofrecimiento de modas y modos… para preguntarnos, en efecto: «¿Qué pasa?».
La vida es hoy, para muchos, fácil. Y en un mundo fácil no se madura. No madura ni la fruta que comemos, ni en muchos casos el pensamiento que maldigerimos, ni la conducta del que, a pesar de contar los años por decenas, sigue siendo niño caprichoso y mal educado, consentido y halagado en sus gracias inoportunas e insultantes, la zancadilla del vengativo, la petulancia del engreído, los empujones sociales, el egoísmo, el rechazo, la exclusión, la violencia más o menos abierta o claramente escupida, la injusticia como norma de trato, de organización y de vida.
Se echa mano de la legalidad para amparar al débil sin darnos cuenta de que la ley no es más que un estorbo que se salta fácilmente con subterfugios, interpretaciones egoístas, partidistas, teñidas de amiguismo, interesadas para el que quiere salir con la suya.
¿Qué falla en el origen? Padres maleducados no pueden educar, madres negligentes no pueden orientar, educadores partidistas no pueden encauzar por un camino justo, honrado, generoso, abierto al otro, a todo otro… no siempre para seguirle, pero sí siempre para discernir, optar y echar a andar con la dignidad que eleva sobre la insolencia, el egoísmo y la bufonada. 

lunes, 1 de enero de 2018

Es tiempo... es AHORA!

Dice D. Ángel Fernández Artime, Décimo Sucesor de Don Bosco en su Facebook en esta primera jornada del 2018: 

Tiempo de revolver los doce meses anteriores, de darse cuenta cómo cambia todo en un año, como quien era alguien importante se convierte en un extraño, como alguien que era un desconocido puede ser tan especial ahora.
Tiempo de echar de menos, de darse cuenta que nada es igual.
Tiempo de aceptar que las cosas no son como planeamos, pero quizás porque no somos la misma persona que las planeó.
Tiempo de luces, de brillos, en la calle, en las sombras, en una mesa, en unos ojos que brillan. Luz al fin y al cabo.
Tiempo de radiar. Tiempo de dar las gracias.
Tiempo de nuevos propósitos. No de dejar de fumar, apuntarse al gimnasio, perder 4 kilos, correr un maratón, cambiar de trabajo, preparar las oposiciones, ahorrar o aprender un idioma. Todos sabemos que durarán tan sólo unos días en el calendario. Es tiempo de otros propósitos. Proponte quererte. Sonreír más. Enamorarte. Leer. Viajar. Perdonar y pedir perdón. Escuchar. Divertirte. Soñar. Mimarte. Llamar a esa persona. Enviar ese mensaje. Escribir ese correo. Reír. Bailar. Agradecer. Aprender. Sorprender. Hacer que las cosas pasen.
Es tiempo de proponerse ser la mejor versión de uno mismo. De ser feliz. Y el tiempo es simplemente, siempre, pero sobretodo... 
Ahora!

viernes, 29 de diciembre de 2017

Como un recio abeto...

¿Quién mejor que el Sucesor de Don Bosco en el amor a su Familia Salesiana y en ella a los jóvenes don Ángel Fernández Artime? Él nos dice.

En el mes de julio tuve la oportunidad de vivir una semana de serenidad y paz en un retiro espiritual con los demás miembros de nuestro Consejo General. El lugar en el que estábamos era el monasterio de Vallombrosa. Un lugar muy sencillo, sobrio, que se encuentra en medio de la naturaleza, a mil metros de altitud. Un lugar también fresco que invitaba a la oración, rodeados de miles y miles de abetos que tenían, muchos de ellos, más de veinte metros. De hecho, es una de las masas forestales más importantes de Italia.
Y allí aprendí una lección de biología que me impresionó. Ya me había fijado en que aquellos abetos eran muy altos, casi podría decirse que extremadamente altos; muy rectos. Y la copa de cada abeto es muy pequeña, con pocas ramas y pocas hojas. Casi me atrevería a decir que tenían lo esencial para poder vivir realizando las funciones propias de las hojas, y seguir creciendo.
Preguntando a un experto por tal singularidad me dijo que aquellos abetos y en aquel lugar tenían tres características muy especiales. Son éstas: Eran árboles que tenían unas raíces muy profundas, un tronco muy flexible, y una copa (ramas y hojas) muy pequeña.
Preguntándole el porqué de esto, me dieron una explicación que me maravilló.
- Las raíces profundas le son muy necesarias a cada abeto para poder encontrar humedad y agua, por más que haya sequía en la superficie, a veces con veranos que son abrasadores, incluso en la montaña.
- El largo tronco (incluso de 25 metros de altura en muchos de ellos) necesita ser muy flexible para poder cimbrearse, oscilar a merced del viento. Sin esa flexibilidad, máxime con tanta altura, fácilmente se romperían si fuesen más rígidos.
- Por último, el tener una copa tan pequeña es un elemento de evolución natural para que en las grandes nevadas las ramas no se rompan. Si fuese muy ancha y con muchas ramas, sin duda que el peso de la nieve quebraría muchas ramas poniendo en peligro todo el abeto.
Me quedé maravillado. Así explicado es más que evidente. Y me dije a mí mismo: Qué increíble metáfora, qué lección de vida de la propia naturaleza para nosotros los humanos. Pensé de inmediato en nosotros. Si alcanzamos a vivir con estas tres características, es decir con una profundidad e interioridad grande que nos permita encontrar esa 'agua fresca' de la serenidad, de la calma, de la paz, aún en los días difíciles, en los momentos de dolor o de disgusto, no nos derrumbaremos.
Si somos capaces de ser flexibles en lo esencial, de ser versátiles cuando se trata de que lo que esta en juego es importante; cuando suplimos la intransigencia por el diálogo, la escucha, la paciencia y la cercanía que nacen del amor, no nos quebraremos fácilmente.
Y si buscamos de verdad sólo lo más esencial, es decir lo auténtico, lo que nos es más imprescindible y que más nos llena, otras muchas cosas pasarán a ser absolutamente relativas y nos sentiremos más plenos y más ricos y llenos en todos los sentidos. Y me parece que esta lección de la naturaleza es muy oportuna en este año en el que estamos invitando tanto a las familias a ser, justamente familias que han de ser escuela de vida y de amor. Y es algo que vale para las relaciones personales, para los vínculos en el seno del hogar, para la educación y acompañamiento de los hijos.
Nos es muy valioso para todas las relaciones de afecto y de amistad. Me parece oportuno incluso para los espacios de trabajo. En fin… allá donde está en juego quiénes somos y cómo somos y nos desenvolvemos.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Sacra Conversazione de Navidad.

“Sacra conversazione” es el acertado título de la espléndida tabla (312 x 215 cm) de Tiziano (la primera obra que firmó, a los treinta años) por encargo del mercader de Duvrovnik, Alvise Gozzi, para el altar mayor de la iglesia de San Francisco en Ancona.   
De arriba abajo gozamos viendo la atención que la Virgen presta a San Blas, protector di Dubrovnik, obispo y médico, cuidador de las gargantas. Éste señala a Alvise el precioso conjunto que se ve en el cielo: dos ángeles juegan con coronas, mientras que otro ayuda a la Madre para que el Niño no se vaya a jugar con ellos; María, joven y fuerte al contener las ansias de su Hijo, mira y escucha a San Blas que le presenta a Alvise. Francisco, con la mano sobre el pecho, canta en silencio su admiración por la bondad de Dios hacia sus criaturas. Cada uno, con los ojos, con la boca, con sus manos y con su corazón mantiene una conversación, naturalmente sagrada, pero humanamente  intensa y entrañable. 
Al fondo se adivina Venecia, con la laguna de San Marcos, el Palacio Ducal y su esbelto campanario.
Hay en Milán una tradición pintoresca: conservar una rebanada del panettone de Navidad para comerla el día de San Blas, el 3 de febrero.
Si nos fijamos bien podemos advertir que la mirada del Niño Jesús va también más allá (¡más acá!) de lo que le acompaña en la escena. Nos mira para verter sobre nosotros la decisión, porque estamos convencidos, de que la esencia de la Navidad, envuelta en luz, color, gozo familiar y humano, no pierda su sabor divino, el único que la hace verdaderamente Navidad. Y cada uno de nosotros sabe bien y siente hondamente cómo  vivirlo. Seríamos más felices, más humanos, más hermanos… si una rebanada de la esencia de la Navidad quedara para el resto de nuestro camino.