jueves, 12 de abril de 2012

Gorongosa.


Elefantes de Gorongosa

Gorongosa es una montaña de 1862 metros de altura en el centro de Mozambique con un parque natural de 4000 kilómetros cuadrados en la parte sur del gran Gran Valle del Rift. Ya sabéis que este Gran Valle del Rift es una honda y larga brecha en la tierra que va desde el río Jordán y el mar Rojo hasta Mozambique y que se ahonda y se ensancha desde hace 30 millones de años. Y a ese paso, lento e imparable,  dentro de 10 millones de años África será dos Áfricas con un océano en medio de ellas.
¿Qué pasa en Gorongosa? Que los elefantes nacen sin colmillos o los tienen muy pequeños y hace cuatro años llevaron desde Sudáfrica cuatro elefantes, sanos y bien dotados de colmillos, para tratar de dar fin en generaciones sucesivas a una situación tan descolmillada.
¿Por qué pasa eso? La respuesta a esa falta de defensas, dicen, es la respuesta a la destrucción de esos animales desde hace doscientos años para vender marfil o, más recientemente, para pagar los costes de la cruenta guerra entre el FRELIMO y el RENAMO después de la independencia del País, desde 1977 hasta 1992. Había 12.000 ejemplares y quedaron en 70.
"Los veterinarios dicen que el estrés ha acabado con sus colmillos". “Nos matan para arrancarnos los colmillos” - sienten los elefantes. “Pues nacemos sin colmillos”.
Como estas líneas no son una lección de Historia natural (aunque, como Historia natural, sea tan elocuente) pasamos a la lección humana que nos interesa muy de cerca.
El ser humano es profundamente sensible. Guarda una memoria indeleble, consciente o inconsciente, de todo lo que le ha ido haciendo hombre. Desde su procreación hasta su muerte. Los gestos y acciones que le llegan (“… pedacitos de ti”, canta Antonio Orozco), modulados por sus sentimientos, su mente y su voluntad, van grabando un historial complejo y reactivo que será en su historia el alimento que le configure y el material que use para relacionarse con los demás. De un modo casi incontenible.  
¿Qué ha habido en la infancia de un muchacho que disfruta zahiriendo (o hiriendo sin za), insultando y quemando, exigiendo y violentando, forjándose derechos cuando no le han enseñado a tener deberes? Si en todos nosotros hay una rabia contenida por la educación, por la fe o por la convicción ante la injusticia, la miseria, la avaricia, la ruindad… ¿cómo va a contenerse esa rabia en quien no tiene ni educación, ni fe, ni convicciones, ni amor, ni capacidad de admiración, de compasión y de perdón porque le dieron a mamar hiel podrida?

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