sábado, 14 de enero de 2012

Stenon.

Hoy hablamos de Stenon, porque el pasado 11 de enero hizo 374 años que nació como Niels Stensen, en Copenhague. No fue el inventor de la estenografía, como algunos creen. Ese fue el inglés John Willis, 38 años antes (aunque desde 1641 se prefirió llamar taquigrafía al sistema geométrico de escribir mucho en poco espacio y, sobre todo, hacerlo deprisa).
Niels Stensen (o Nicolás Stenon, como prefirió firmar cuando empezó a escribir en Latín) se formó con seriedad bajo la tutela de su padre, pastor luterano. Se inclinó por la Medicina y en su especialidad de anatomía descubrió, al diseccionar la cabeza de un cordero, la existencia de la glándula parótida (la que produce la saliva y la que, si se infecta, provoca la parotiditis o paperas). Más tarde le siguió el descubrimiento de la existencia de los óvulos en la mujer. Siguió sus trabajos de investigación, combatido y criticado, en su patria, en Francia y en Italia. En Florencia hizo la disección de un tiburón advirtiendo el parecido de sus dientes con las llamadas glossapetrae fósiles.  Y de ahí arrancó su teoría de la evolución de la tierra por sucesivas sedimentaciones y cataclismos. 
Le preocupó la unión de los cristianos. Y en 1667 se convirtió al catolicismo. Se ordenó de sacerdote en 1675 y se dedicó, en un ambiente de incomprensión (Leibniz, por ejemplo, escribió: “… de ser un gran científico ha pasado a ser un mediocre teólogo”), a su misión de pastor. Obispo desde 1677 se dedicó, como vicario apostólico en las tierras luteranas de las que procedía, a difundir la verdad. Murió pobre y entregado a su fe. El 23 de octubre de 1988 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II.
Vale la pena este repaso de la vida de un gran hombre. Pero sobre todo valdrá si su honradez espiritual nos estimula en la búsqueda honrada de la verdad por el descubrimiento del proyecto que Dios tiene sobre cada una de nuestras vidas.

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