lunes, 14 de noviembre de 2011

Pedalear.


Haruki Murakami nació en Kioto hace sesentaidós años. Escribe. Escribe muy bien. Y a la gente que lo lee le gustan sus novelas. Sus títulos anteriores, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o Tokio blues los leyeron muchos de los que viven ante una gran ventana abierta al mundo de la buena escritura. Pero su última novela, 1Q84, inundó las ramblas de la buena literatura. No le gusta la “publicidad” de su persona. Y vive y piensa así: hace deporte, nada, corre maratones, se levanta muy temprano. «Escribir es un trabajo agotador y para realizarlo es necesario estar en forma. Se necesita fortaleza física y mucha resistencia». Para escribir 1Q 84 decía que trabajó en la novela todos los días, cinco horas cada mañana con una concentración máxima: «Me levanto a las cuatro, me preparo un café, enciendo el ordenador y, a veces, escucho algo de música, por ejemplo, barroca. Pero últimamente no escucho música mientras escribo… No me interesan mucho los medios de comunicación. Estamos rodeados de toda esta información, de las diferentes opiniones. Me parece agotador y podría renunciar perfectamente a todo ello».
En 1Q84 Aomame, su protagonista, desciende por una escalera de emergencia de una autovía y llega a otro mundo.  «La Gente Pequeña de mi novela 1Q84 constituye lo contrario del Gran Hermano de Orwell: casi nadie puede verlos, viven escondidos y lo que nos hacen es oscuro y misterioso. El Gran Hermano ya no representa una amenaza para nuestra sociedad. Lo conocemos y sabemos cómo protegernos de él. Pero a la gente pequeña no la conocemos, por eso nos parecen tan siniestros. Así, también mis lectores pueden imaginárselos como quieran... Occidente siente desconfianza hacia aquellos valores, instituciones y sistemas que parecían estables. ¿Quién confía ya en los sistemas económicos? Desde principios de este siglo el caos se ha globalizado. La falta de estabilidad es un fenómeno global. Y esta incertidumbre nos une a todos. Comenzó con la caída del Muro de Berlín. Teníamos la esperanza de que eso fuese el comienzo de un mundo mejor. Pero esa esperanza se evaporó con los atentados del 11 de septiembre. El mundo, tal como lo conocíamos, había perdido el rumbo… todos los “ismos” han caducado. Vivimos un siglo post-ideológico, en el que los “ismos” han perdido su poder».
Su Gente Pequeña «está sola, a menudo perdida, busca una conexión con el mundo, con un mundo más allá de las fronteras de lo que conocen. Por eso espero que mi historia les dote de valentía».
No hace falta añadir reflexiones a la lección que Murakami nos da con su vida y con su obra. Debemos sacudirnos muchas mantas que nos hemos liado a la cabeza: ideologías, temores, cobardías, esperas estériles, rutinas mareantes, vagancias pusilánimamente defendidas. La novedad diaria de la valentía, del esfuerzo, de la defensa y el cultivo de principios y valores nos sacarán del mundo subterráneo de la mediocridad y de las sombras «buscando una conexión con el mundo, con un mundo más allá de las fronteras de lo que conocen». Ayudémosles a regar, cuando educamos a nuestros hijos, las semillas que hagan de ellos mujeres y hombres cabales.

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