martes, 2 de abril de 2019

¿Ayudar a Dios?


Pedro Bloch, nacido, como sabes, en 1914 en Jitomir del Imperio Ruso (ahora Ucrania), médico, periodista, compositor, escritor, afincado en Brasil, donde murió en 2004, refería en uno de sus libros su encuentro con un muchachito singular al que le preguntó: “-¿Rezas a Dios? –Sí, todas las noches. -¿Y qué le pides? –Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo”.
Y Bloch lo consignaba para lección, no siempre aprendida, de nuestra vida. 
Aquel niño no había leído, sin duda, el capítulo segundo del libro del Génesis, es decir, de la Creación: "Tomó Yahveh Dios al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase".
Pero su respuesta era la de quien sabiamente sabe cuál es el destino del hombre sobre la Tierra: labrarla y cuidarla, es decir, ayudar a Dios en algo. Y aquel niño le pedía a Dios que le dijese cuál era su tarea para el día siguiente.
Nos pasamos la vida rezando (o sin rezar porque nos parece que no sabemos, que no hace falta, que para qué) y pidiendo, porque creemos que Dios, “que todo lo puede”, puede darnos lo que nosotros deberíamos cultivar y cuidar en esta vida en la que nos ha dejado como actores.
Nos quejamos de lo que no nos dan, olvidando la sabiduría del que dijo que “es mejor dar que recibir”. Nos quejamos de que el campo no está bien cultivado, mientras que mantenemos muchos surcos del nuestro en barbecho. Nos ejercitamos en el noble arte de discernir, comentar, criticar… y hasta herir. Pero rechazamos que otros nos digan que somos unos vagos, descuidados e irresponsables.
Nuestro papel de educadores lleva consigo la lección, a nosotros mismos y a los destinatarios de nuestra noble misión, la convicción de que somos dependientes, pero sin descuidar la de que hay mucho campo que depende de nosotros y queda a la espera. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.