domingo, 3 de febrero de 2013

Por vosotros...



De Don Bosco dijo alguno de sus muchachos que se vaciaba por ellos. Y era verdad. Don Miguel Rua, que fue uno esos muchachos y fue después su sucedor y primer Rector Mayor de los salesianos después de Don Bosco, afirmaba de nuestro santo que no dio un paso, no hizo un esfuerzo, no tuvo aliento más que para amar a sus queridos acogidos y darles un hogar y una familia.
Había incorporado a su vida de servidor (recordad la afirmación de Jesús: “He venido a servir no a que me sirvan”) el principio de que lo que da sentido a la perfección de la persona es la contemplación, la admiración y el servicio al “otro”. Jesús lo hizo hasta dar la vida del modo que todos nosotros sabemos y sentimos hasta quedar anonadados. Y Don Bosco, por su parte, de un modo acomodado a lo que comprendió que era atender el vacío de la vida de sus jóvenes amigos.
En el fondo era el corazón la diana de sus esfuerzos a la que llegaba con el propio corazón. Si afirmaba que tenía como misión educar, quería decir que pretendía construir una plataforma para elevar a ella a quien no había tenido antes caminos para tender y alcanzar su completa maduración. Pero añadía que la educación es cosa del corazón. Y que no basta amar, sino que hay que demostrar que quien educa (madre, padre, formador, maestro..) debe hacer saber y hacer notar que ama.      
La palabra que completaba en esta dimensión que estamos considerando ahora el trípode de su modo de educar (sistema preventivo) era amorevolezza. Es un término que no tiene cabida hoy en el lenguaje italiano del día a día, pero que todavía se sostiene en los diccionarios. Y no se puede traducir sin más por amabilidad, que encierra mucha virtud, pero no expresa el tinte especial que exige una traducción más fiel.
Para mí es, sin duda, cariño la traducción vivencial más exacta. Basta con que nos sintamos envueltos como con un manto y nos sepamos empapados como de un baño interior de cariño, para que nos descubramos como instrumentos nuevos y definitivamente eficaces para educar.
Dicho de otro modo: el que vive su relación, con quien tiene que educar, con cariño, educa. El que no, quedará frustrado de algún modo.

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