Mostrando entradas con la etiqueta verano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verano. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de mayo de 2011

El "primer verano".

Los romanos, metódicos y determinantes, llamaron a esta estación del tiempo que estamos viviendo estos días Primer Verano, Primum Ver, que nosotros, aficionados a los neutros y a los plurales (por algo será), hemos convertido en Prima Vera.
Decía – creo recordar que don Santiago Ramón y Cajal, que tanto sabía de cerebros - en el discurso de ingreso en una de las Academias de las que formó parte, algo como esto: Se necesita tener cerebro de oruga para suspirar por los verdes perpetuos de las regiones del Norte y no descubrir la belleza de los violetas, cárdenos, azules, grises y sienas de los alrededores de Madrid.   
Yo le comentaría muy respetuosamente a don Santiago (que tenía toda la razón al ponderar la belleza de la gama total de la Naturaleza): Me gusta la paleta de colores que nos regala eso que llamamos cosmos, es decir bello; esta tierra que nos aguanta y que llamamos mundo, es decir, limpio; o gea, que es alegría. Y me encanta el verde de la Naturaleza, el verde del Norte y de toda la Tierra.
Pero contemplar con fruición el vestido de la Primavera me hace sentir mucho más que la seducción del verde y de los verdes (un asturiano me hacía admirar su tierra mientras me aseguraba que allí tienen, al menos, 48 matices de verde) su poder explosivo. Porque la Primavera con sus verdes no es realmente el Primer Verano, sino el Verano en su nacimiento, Verano Niño, Verano Joven. Es una síntesis de promesas que se empiezan a cumplir. Un tesoro de frutos en ciernes. Un estímulo vivo y pujante de la esperanza. Y una preciosa cuna para la alegría y el optimismo.  
Ver significa para nosotros que la Primavera y el Verano traen la seguridad de que sus flores no acaban en flor; de que la clorofila, las xantófilas, la ficocianina no son sólo adorno, sino sustrato de vida; de que esto que vemos ahora es ya digno del mayor respeto y la más alta admiración. Es un milagro. Un centroamericano me hacía conocer, aquí en Europa, su asombro ante el milagro de la primera Primavera que conocía. 
Y si la Primavera es un milagro, no lo es menor que año tras año el Verano (¡y el Otoño: la uva!) sean el homenaje de vida que la Tierra se ofrece a sí misma en un renacimiento que viene realizándose desde hace millones de años y seguirá alegrando el corazón del hombre y prometiendo y cumpliendo una vez más… y otra y otra.
No es inoportuno que mirando la edad del hombre en que la promesa se va afirmando, nos paremos a examinar si nuestro cuidado por no estorbar, por ayudar, por acompañar con nuestra admiración y nuestra presencia su maduración son lo que deben ser. Porque en esta unidad de vida en la que estamos es tan fuerte la necesidad que tienen los brotes verdes de ser atendidos como la que tenemos los que podemos y debemos de prestar esa atención.