jueves, 4 de febrero de 2016

Un obispo joven.

Monseñor Francis Xavier Osamu Mizobe había sido inspector provincial de los salesianos de Japón hasta el 2000. Desde ese año y hasta 2011, obispo de la diócesis de Sendai (2000-2004) y Takamatusu (2004-2011). Y desde que cumplió 75 años se dedica a la orientación espiritual de jóvenes adultos de Kyoto, en la parroquia de Nishijin en el centro de espiritualidad juvenil Boyoan.
“Soy feliz – dice - de dedicar el otoño de mi vida a los jóvenes... muchos jóvenes vienen aquí para profundizar en su experiencia de fe con retiros, estudio de la Biblia, guía espiritual… Hay ocho jóvenes que están emprendiendo un camino de discernimiento vocacional bajo una guía espiritual regular y con la oración en común. La mayor parte de ellos son estudiantes de la Universidad de Kyoto. Hay también algunos no cristianos que se están preparando para el Bautismo…
Los jóvenes desean asumir la responsabilidad de servir a otros jóvenes... Podemos y debemos ser animadores y formadores de colaboradores laicos… Me llena de alegría el camino que la Congregación está haciendo y confío en un futuro luminoso…”
Don Bosco, en la persona de los salesianos a cuyo frente estaba el casi legendario don Vincenzo Cimatti, llegaron a Japón hace casi noventa años. Hoy son 103, de los que no japoneses son solo 14; acogen y sirven a miles de jóvenes en las 15 casas extendidas en las dos islas mayores, Honshū y Kyushū.
En la primera está Tokio donde hay 7 obras de atención educativa y pastoral con parroquias, jardines de infancia, centros juveniles, atención a emigrantes, bachillerato, scouts, muchachos con dificultades de conducta (2), seminarios, formación profesional, editorial y campamentos de verano. 
La vida en Japón está presidida por un sumo respeto a la persona, un exacto cumplimiento del deber, un cuidado sumo de la Tierra y su belleza, un honrado sentido de colaboración, una generosa actitud de atención a los demás y una fidelidad extrema a la propia fe. Son rasgos peculiares que ayudan a educar y que bien podrían servir a los que vivimos en este otro hemisferio en el que una cierta alegría empapa, no siempre beneficiosamente, el proceso de formación de la persona, para proponernos metas más altas, modos más exactos, esfuerzos más nobles.

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