miércoles, 20 de enero de 2016

Entre lobos.

Doce años pasó Marcos Rodríguez Pantoja entre lobos (ENTRE LOBOS tituló Gerardo Olivares la película que dirigió en 2010 sobre Marcos); entre lobos, ciervos, gamos, jabalíes, zorros y tejones del Parque natural de la Sierra de Cardeña, en el Nordeste de la Provincia de Córdoba. Desde 1953 hasta 1965; desde los siete hasta los diecinueve años. Y en la maleza no muy intensa poblada por el roble melojo, los quejigos, alcornoques, acebuches, jaras y brezos.
Un guarda forestal avisó de su presencia a la Guardia Civil que lo rescató de un destierro que había dejado en él un hondo sentido de la vida en solitario en una etapa muy sensible de ella. Inteligente y astuto, fue ganándose la amistad de aquel amplio paraje en el que no solo vivió entre lobos, sino que se convirtió en su “hermano mayor”.     
Le costó volver al mundo humano del que le había alejado su padre al darlo como compañero a un cabrero que desapareció enseguida de su presencia.  
Un cura joven, Juan Luis Gálvez, le volvió al habla humana. Las Hermanas del Hospital de Convalecientes de Madrid le ayudaron a caminar erguido y un buen corazón gallego le llevó a convivir con él en la dulce tierra del Noroeste español donde sigue hoy con nostalgias de una vida extraña, pero hecha propia.
Este es el torpe resumen de una intensa vida que puede despertar en nosotros muchas reflexiones y alguna que otra decisión.
Cuando se le ve tirado en el suelo compartiendo abrazos y querencias con un lobo comprendemos por qué dice que la vida entre animales es más apacible que entre hombres. Y cuando se le contempla como ido, pero sin duda atravesado por añoranzas de la paz de su soledad, nos damos cuenta de que la vida en la que los hechos le han vuelto afortunadamente a introducir, sentimos hacia él la ternura que produce haber despertado a un hijo pequeño de un bello sueño.
La aplicación a nuestra vida es la de que no podemos decidir que la aspereza de la sociedad que nutrimos tan llena de pretensiones, envidias, rivalidades, odios, imposiciones sea el modelo para nosotros y para nuestros hijos. No podremos evadirnos, pero sí forjar en nuestra conciencia la decisión de mantenernos en la nobleza moral a la estamos destinados.

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