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domingo, 27 de marzo de 2011

El Crystal Trío


Si oyes que los siberianos Vladimir Perminov, Vladimir Popras e Igor Sklyarov, es decir, el Crystal Trio, dan un concierto, no te lo pierdas. El primero toca la flauta de Pan; Popras, el verrófono con nueve octavas; e Igor, el arpa. Todo con instrumentos de cristal. Y suenan como un auténtico regalo. Los dedos húmedos sobre el borde de copas y de tubos hacen que la música de Musorski, de Chaikovski (¡bueno, sí, Tchaikovsky!), de Borodin, Glinka, Cui, Balakirev, de… quien quieras, te hagan sentirte envuelto en esa preciosa música rusa que tanto te gusta. 
Y no son aficionados callejeros (aunque a veces tocan en la calle), sino profesionales titulados de conservatorio que le han encontrado gusto al cristal. Son jóvenes y serios (Igor tiene bigote) y responsables de una música exacta. 
Ver sus manos que acarician suave y rápidamente el cristal sin que haya un error en las aproximaciones de sus dedos, me hace pensar en una palabra, que es un adjetivo, de uso frecuente entre nosotros: chapucero. Chapuz, chapuza, dice la Real Academia de la Lengua, es un término foráneo prestado. Pero nos ha gustado tanto, que parece creado por nuestro genio y para nuestro ingenio; que es nuestro, ¡vamos! El Crystal Trio no tiene nada de chapucero. Se adivina en la retaguardia de sus gestos un ejercicio diario tenaz, constante, de muchas horas al día, de una precisión sin mella. 
Tengo que repasar mi arte, mi ciencia, mi saber, mis lecturas, mi conciencia, mis estudios, mis trabajos, mis servicios, mi carrera, mis proyectos, mi profesión, mi trato, mis contratos… mi familia, mi alma, mi colesterol, mi tabaco, mis planes, mis amistades, mis deportes, mis gastos… y preguntarme con sinceridad y valentía: ¿Soy chapucero? ¿Me digo a mí mismo: “¡Qué más da. Nadie se entera! ¡Da lo mismo!. ¡Total para lo que se va a ver!”?
Pero ¡ay del “profesional” que me falla!: “¡Verde! ¡Lo pongo verde! ¡Se va a enterar!”. Y andamos por la vida concediéndonos amnistía para nuestras chapuzas mientras que condenamos a cadena perpetua, si no a la hoguera, a los que han querido pegárnosla con su torpeza y su inconsciencia. ¡Justicia, ante todo!