Mostrando entradas con la etiqueta luis_variara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luis_variara. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de enero de 2011

¡¡Pero si yo había pedido a los superiores un músico!!

     Cuando el corajudo Miguel Unia, de 45 años, le pidió a su joven acompañante Luis Variara que tocase algo al piano en el barco que los llevaba desde Italia a Colombia, se encontró con que aquel ilusionado muchacho de diecinueve años no sabía. – «¡Pero si yo he pedido a los superiores un músico! Pásate el viaje aprendiendo a tocar».   
      “Corajudo” e “ilusionado” son adjetivos para salir del paso al definir a estos dos salesianos que iban a Agua de Dios, un lazareto arrinconado, por miedo a los leprosos, en al suroeste de la nación desde la mitad del siglo XIX.
     Unia, al que le quedaba en 1894 un año de vida,  llevaba allí cuatro y necesitaba un joven que animase con la música los largos días de calor asfixiante y de aislamiento de los 2.000 habitantes, de los que algo menos de la mitad eran enfermos. Y logró que Luis variara echase a desfilar una banda que se convirtió en bálsamo para tanto dolor. Contaba algún testigo de su trabajo de maestro de música que era emocionante ver cómo llevaba a sus labios el  instrumento que un pequeño aprendiz leproso no lograba dominar.
    Cuatro años después de su llegada ya era sacerdote. Y descubrió en el corazón de algunas de las enfermas el deseo más ardiente: ofrecer a Dios totalmente una vida que no tenía más horizonte que una muerte joven. Y con algunas de ellas y algunas otras sanas fundó en 1905 la Congregación de Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Hoy sirven a los enfermos en diez países de tres continentes.
     Después de diez años de cielo («Bendigo al Señor – escribía - por haberme enviado a este lazareto, donde he aprendido a no dejarme robar el cielo») le robaron la esperanza de ver madurar su obra: la incomprensión, la suspicacia y una salud crecientemente débil lo apartaron del lugar de su “cielo” hasta su muerte, a los 49 años, el 1º de febrero de 1923.
     Hoy lo sentimos cercano a nosotros con la misma bondad y sencillez que regaló con ternura a sus pobrecitos leprosos. Aunque lo invoquemos como Beato (Juan Pablo II en 2002) el día en que la Iglesia lo celebra: 15 de Enero.