martes, 23 de agosto de 2016

La Jornada Mundial de la Juventud en Alepo (Siria).

La nota que nos llega de Alepo (Siria) donde el corazón late fuerte, no solo por la amenaza de los bombardeos, sino en otra esfera donde siguen siendo posibles el amor y la esperanza, nos llena de admiración y nos anima a una solidaridad más valiente.
“Los Salesianos en Alepo, junto con las iglesias locales y alrededor de 30 asociaciones y grupos scout, organizan el 29 y 30 de julio, coincidiendo con el Día Mundial de la Juventud en Cracovia, la JMJ de Alepo con el título “Mover el corazón”, que tendrá las participación de más de 1.200 jóvenes.
La presencia salesiana en Alepo, a pesar de la guerra, se mantuvo cerca de la población y continúa su trabajo educativo pastoral especialmente con los jóvenes y con el espíritu de Don Bosco. Una vez que finalizaron las actividades de verano, que involucró a unos 950 jóvenes y 85 animadores, el oratorio se mantiene abierto y muy activo.
No pudiendo estar presentes en la JMJ en Cracovia, los Salesianos de Alepo han decidido organizar un evento que de alguna manera podría hacer llegar la JMJ hacia Alepo. De esta manera ha partido la idea de hacer una JMJ en Alepo, con el tema “Mover el corazón”, que la organizan las iglesias locales, con la aceptación de los Obispos de las Iglesias Orientales e Iglesia Católicas de Alepo y con la participación de 30 asociaciones y grupos scout.
El P. Pier Jabloyan, SDB, vicario de la obra Salesiana de Alepo Salesiana, explicó a Vatican Insider: “Mover el Corazón”, significa el movimiento del corazón que tuvo Jesús con la gente pobre que ​​es una invitación abierta a los jóvenes para asimilar los sentimientos de Jesús para con los otros. Hasta la fecha no tenemos un vínculo con el evento mundial, aunque nos gustaría hacer llegar la voz de los jóvenes de Alepo al Papa.
La misericordia en mi país - continúa el P. Jabloyan - y especialmente en mi ciudad de Alepo, se manifiesta diariamente a través de las personas de buena voluntad que realizan verdaderos actos de piedad y muestra cómo el Señor resucitado es verdaderamente el Señor de la vida. No tenemos mucho que decir, tratamos de hacer el bien en función de las posibilidades que tenemos y frente a la situación que estamos viviendo, porque aquí nada es seguro”.
"Asistimos al golpe de los morteros, escuchamos las bombas, los proyectiles perdidos y las ametralladoras... No podemos acostumbrarnos a una guerra que recoge cada día vidas inocentes". Concluye el P. Pier “En estos tiempos de guerra, hay que tomar en serio la piedad, la misericordia y el perdón, porque sin misericordia y sin perdón la guerra no tendrá fin”.

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