viernes, 4 de abril de 2014

Niumbaha superba.



El murciélago panda (Niumbaha superba) es una especie de murciélago de la familia Vespertionidae. Basta mirarlo para que uno se dé cuenta de lo bien que le sienta el sobrenombre de Panda que le dan. Vive en los bosques de Ituri de la República Democrática del Congo, Ghana, Costa de Marfil y Sudán del Sur. Los estudiosos de estos pequeños mamíferos nocturnos dicen que es una especie rara que no se puede encuadrar entre los demás murciélagos del género Glauconycteris. Y por eso lo llaman “raro”, que es lo que significa niumbaha en la lengua Ubangui Azande que se habla en la zona concreta del centro de África ya indicada. Azande significa “el pueblo que posee muchas tierras”, ya que fueron guerreros y conquistadores.
Seguramente te han llamado la atención las zonas blancas de su pelaje que los hacen más atractivos y simpáticos y que despiertan las ganas de tener uno. No te lo aconsejo. No te enseño los incisivos, que son de miedo en los vampiros, los únicos que tienen desarrollados (no comen insectos como los demás murciélagos, sino que se alimentan de sangre, como sabes). A mí me han impresionado sus orejas. Grandes como las de todos estos animales que de noche deben descubrir con ese radar particular la presencia de insectos.    
Se acabó el niumbaha. Pero bueno es considerar que no son nada raro en la sociedad humana, diurna y nocturna, los y las lenguas largas. Piensa uno que a veces se impone por alguna ley poderosa el ejercicio de hablar. Copio algunos sinónimos cuya carga se siente especialmente en determinadas personas, grupos y tertulias…: parlotear, rajar, enhebrar, ensartar, predicar, arengar, sacar a colación, traer a cuento, meter baza (y no dejarla meter), calentarse la boca, hablar a chorros, hablar por los codos, proclamar, vociferar, gritar, interrumpir, traer, murmurar, criticar, rezongar, cuchichear, comadrear, chismorrear        
No nos damos cuenta de que nos escuchan o nos oyen (que no es lo mismo) personas que juzgan en silencio, condenan en silencio, clasifican en silencio, sufren en silencio, acumulan en silencio… Y, en silencio, como es natural, tratan de evitar una sola palabra que pueda servir de motor de arranque para los decidores, detractores y e interventores de la tertulia o de la conversación no enhebren de nuevo la palabra ¿Es que el silencio no es muchas veces mucho más precioso, más amable, más justo, más atractivo que la palabra? 

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