jueves, 23 de enero de 2014

¡Han robado un nenúfar!



Así es de pequeña y de bonita la Nymphaea thermarum. El único ejemplar que había en la colección de nenúfares del Real Jardín Botánico de Kew (entre Richmond upon Thames y Kew, al Suroeste de Londres) una inmensidad de belleza de 120 hectáreas donde trabajan 700 personas. Carlos Magdalena, asturiano, investigador, descubridor, conservador… denunció la desaparición del nenúfar enano, ¡el único de Kew!, sucedido el pasado día 9 de enero. Se trata de una especie que procede de Ruanda. ¡y que, por estar en peligro de extinción, la llevó al Real Jardín, según nos dicen los medios, nuestro gijonés! Scotland Yard está detrás del autor del robo, pero…
En el jardín está uno de los mayores y mejores bancos de semillas del mundo. Y en él se yerguen pabellones, pequeños palacios, museos… que albergan ejemplares  soberbios de especies preciosas.
Cuando la obsesión por la educación de los niños, de los jóvenes (y de los adultos) ronda por la cabeza, como a mí me sucede, acude este pensamiento: ¿Cuántas “especies preciosas” de la educación, de la maduración, de la formación de las personas han desaparecido y siguen desapareciendo, con peligro de extinción, de este mundo en el que parece que lo tenemos ya todo, y que todo lo que tenemos nos parece que está bien?       
Parece como si fuese una necesidad adquirir el grado suficiente de vulgaridad para parecernos a los muchos que la cultivan, no sólo para no llamar la atención, sino porque nos parece que ser vulgares es el mejor modo de llamar la atención. ¿En qué estoy pensando? En muchas cosas. Y los inteligentes lectores de estas líneas están repasando, estoy seguro, otras tantas líneas escritas en la vida social y dándome la razón.   
Vayamos, por ejemplo, a uno de esos panfletillos, que no sé por qué se llaman “del corazón”, para reflexionar sobre estas tres cosas: cómo hay quien cree que es ejemplar publicar un producto como ese; cómo hay quien ofrece jirones de su vida, no precisamente ejemplares, para salir en esa prensa; y cómo hay quien alimenta su difusión y se alimenta con la basura que ofrece.
Ya sé que hay quien me acusará diciendo: “¡Ya estamos!”, “¡Intransigente!”, “¡Deja que cada uno haga, diga, coma… lo que quiera!”.
¿Lo ves? ¡Pero sigo queriendo que se salve la nymphaea thermarum! 

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